Pasar al contenido principal

Carta a mi Madre

Foto(s): Cortesía
Redacción

¿Sabes? Ayer me vi en el espejo como todos los días, pero vi algo que no había percibido; vi en mis ojos tus ojos, en mis gestos tus gestos, en mi voz escuché el timbre de tu voz, en mi piel el color de tu piel, te olí, te sentí y te miré; qué sensación tan extraña, el sentirme yo, pero contigo en mí; ¿esa será tu inmortalidad? ¿o el enlace de las generaciones?, ¿la Divinidad del ser?


No sé contestar, pero te siento, te siento cuando estoy orando, cuando amo y cuando río. ¡Sí, con esa risa tan tuya! que ahora es también mía; qué unión tan mágica, qué magia a cada paso, qué magia al recordarte y qué magia al admirarte.


¿Sabes? Ayer también sentí nostalgia por los tiempos idos, ¿pero realmente se fueron? Sí, me basta con cerrar los ojos para tenerte junto a mí, para oír tu voz en mi oído, para sentir la calidez de tus manos. ¡No, nunca te has ido! ¡Jamás he estado sola! Tú habitas en mí y yo me fui contigo, tú aterrizas en mis pies y yo me elevo en tus alas; qué conjunción perfecta hace la vida, qué canto a la creación hace el Universo, unir a seres más allá de la materia y unir las almas, más allá de la creación.


Te amo con un amor libre como amo a Dios, el vuelo de los pájaros y los ojos de mis hijos; amo las huellas que dejaste, tu Biblia abierta, tu taza vieja, tu ropa sobria y tu corazón enamorado.


Gracias, por lo que me diste, por lo que dejaste, pero sobre todo, por lo que me enseñaste; sé que esta carta te llegará con el viento, en un suspiro y con mi pensamiento.


Quédate aquí como siempre; no te vayas aunque el tiempo cambie, aunque cambie el clima, aunque cambie el mundo; por favor, quédate… Mamá.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.