Última de dos partes
"Apuntes para mis hijos" es uno de los títulos clave en la vida cívica de México. Quienes nos educamos en el siglo 20 en una escuela pública, bajo los preceptos del nacionalismo post revolucionario -con el himno nacional, juramentos y honores a la bandera; además, con la consigna de honrar la memoria de los héroes que nos dieron “Patria y libertad” y a los que había que agradecer cada vez que se suspendían las clases, como por ejemplo el 21 de marzo- , tenemos como figura central de esta memoralia a Benito Juárez. El prócer de Guelatao era la muestra de lo que debe ser un niño ejemplar: estudioso, trabajador, respetuoso, con grandes ambiciones y, por si esto fuera poco, bien peinado.
La educación de Juárez inició en la sierra zapoteca y nunca se detuvo; sin embargo, sus apuntes autobiográficos nos dicen que si bien, Juárez era inteligente, la escuela no fue toda miel sobre hojuelas:
“Leer, escribir y aprender de memoria el 'Catecismo del Padre Ripalda' era lo que entonces formaba el ramo de instrucción primaria. Era cosa inevitable que mi educación fuese lenta y del todo imperfecta. Hablaba yo el idioma español sin reglas y con todos los vicios con que lo hablaba el vulgo. Tanto por mis ocupaciones, como por el mal método de la enseñanza, apenas escribía”.
Fueron el tesón, la disciplina y el amor por el estudio los que finalmente llevaron a Benito Juárez a concluir su carrera de Jurisprudencia y a llevar con brillantez los distintos cargos que le fueron encomendados: Juez de Primera Instancia del Ramo Civil y de Hacienda, Secretario del Despacho del Gobierno -siendo gobernador el general Don Antonio de León-, Vocal Suplente de la Asamblea Departamental, Fiscal del Tribunal Superior del Estado, Diputado de la Asamblea Departamental, Gobernador Interino y a la vez Jefe de la Comandancia General de Oaxaca, y por último (hasta donde consigna Apuntes para mis hijos) Gobernador Constitucional del Estado.
Los tiempos de Juárez son convulsos y se distinguen por la pugna entre dos visiones de país. El autobiografiado resume la situación de la siguiente manera:
“El Partido Escocés trabajaba en el Congreso por la centralización del poder y por la subsistencia de las clases privilegiadas con todos los abusos y preocupaciones que habían sido el apoyo y la vida del sistema virreinal. Por el contrario, el Partido Republicano quería la forma federal”. Cuando escribe "Apuntes para mis hijos", Juárez todavía no sabe que él será el encargado de hacer prevalecer la visión de país que perdura hasta nuestros días.
Desde la redacción de Ley General sobre Administración de Justicia de 1955, la chispa que encendió la Reforma y a la que después se sumó la Ley Lerdo, sobre la desamortización de los bienes del clero -ambas leyes referidas en esta autobiografía-, Juárez obró de conformidad con la visión liberal, incluyendo la célebre honrosa medianía:
“Vivo en mi casa sin guardia de soldados y sin aparato de ninguna especie porque tengo la persuasión de que la respetabilidad del gobernante le viene de la ley y de su recto proceder y no de trajes ni de aparatos militares propios sólo para los reyes de teatro. Tengo el gusto de que los gobernantes de Oaxaca han seguido mi ejemplo”.
