Hace unos días ella empezó con un fuerte dolor nunca antes experimentado, era una sensación tan desagradable, punzante e incómoda, que sentía que su brazo estaba a punto de desprenderse de su cuerpo. Era algo que en ese momento estaba fuera de su control, el llanto llegaba como un recurso de liberar el dolor que no la dejaba.
Finalmente, en una búsqueda ansiosa por encontrar un médico que la atendiera, fue a dar al consultorio de un especialista que hizo un espacio en sus días de vacaciones para poder atender el llamado doloroso de esta paciente. Inmediatamente le recetó poderosos medicamentos y el consabido estudio radiológico para saber qué era aquello que torturaba a este ser humano.
Por fin llegaron los resultados, que, en su análisis, el doctor, descubrió algo anormal, pero para poder dar un diagnóstico definitivo tenía que consultar a algunos otros colegas.
Y en esta espera, ella algo calmada por los efectos del medicamento que milagrosamente habían disminuido el dolor, entró en una especie de lucha diaria por vencer el miedo a esa noticia aún desconocida, en su mente de pronto aparecía dudas funestas relacionadas con su cuerpo, ¿acaso es un tumor? ¿será esto un cáncer? ¿Qué es lo que tengo?; pero de pronto la fe hacia su aparición acompañada de la esperanza de que todo estaría bien.
Estos diálogos mentales que todos tenemos ante un acontecimiento incierto, nos puede llevar a enfermar más o a rescatar la certeza de que como seres humanos podemos enfrentar cualquier prueba, si ponemos nuestra amorosa conciencia en nuestro propio cuidado.
Esta historia de incertidumbre terminó con una buena noticia, todo estaba bien, sólo era una lesión vieja que ahora se manifestaba y que su sanación dependía de algunas terapias.
Algo por aprender de estas experiencias es que son como especies de avisos o llamadas de atención hacia nuestro cuerpo físico, para retomar el buen camino en auto cuidarnos: alimentarnos bien, hacer ejercicio, nutrir la mente, aprender algo nuevo todos los días, aprender a escuchar, reír, dejar atrás las excusas que nos han alejado de una disciplina sana.

