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Abrazan cineastas a la literatura 

Foto(s): Cortesía
Agencia Reforma

Ciudad México.- "Si no fuera un director de cine muy reconocido, estaríamos hablando de la aparición de un escritor muy importante", escribió un crítico literario sobre Forastero en el Matrimonio, debut en la ficción de Emir Kusturica.
 
La colección de relatos del cineasta serbio (Palma de Oro en Cannes por Underground y Papá Está de Viaje de Negocios), con tintes de realismo mágico, está siendo aclamada al igual que su obra fílmica. Apenas la lanzó este año.
 
No es el primer director de cine, sin embargo, que decide abrazar la vida literaria y le resulta exitosa la decisión.
 
Sin tomar en cuenta casos de guionistas como el de Dalton Trumbo (Espartaco), famoso por la novela antibelicista "Johnny tomó su fusil", el séptimo arte ha tenido ejemplos de directores/escritores notables.
 
Por ahí están, con el Atlántico de distancia, el estadounidense Elia Kazan y el italiano Pier Paolo Pasolini. El primero escribió la novela Los Asesinos, enfrentamiento entre conservadurismo y liberalismo en EU. El segundo construyó en Petróleo, editada a manera póstuma, una de las novelas más fascinantes e impenetrables en su lengua del siglo 20.
 
 ¿Por qué decide un hombre de cine explorar la ficción literaria? Motivaciones hay muchas, pero es cierto que si en el cine se hallan corsés, con las letras hay pura libertad. Formal, temática, estética y hasta ética, pues no hay que complacer a ningún estudio, ningún productor que desea recuperar su inversión.
 
El también italiano Paolo Sorrentino (La Gran Belleza), para muchos el heredero natural de Federico Fellini, publicó en 2011 Todos Tienen Razón, un relato crepuscular sobre un cantante llamado Tony Pagoda. Y el canadiense David Cronenberg, maestro del terror corporal, hizo lo propio con Consumidos, una meditación sobre la alienación tecnológica.
 
Entre los más prolíficos narradores de tinta está el español David Trueba (Vivir Es Fácil con los Ojos Cerrados), quien con tres Goyas a cuestas es igual de respetado por su pluma. Suyos son clásicos como Saber Perder, Blitz y Cuatro Amigos.
 
James Gunn (Guardianes de la Galaxia) fue, en cambio, una promesa no cumplida. Tras El Coleccionista de Juguetes, su debut novelístico, abandonó la literatura y se consagró al cine.
 
 Estos artistas suelen mantener un compromiso con sus obsesiones en cualquier disciplina.
 
 Kusturica, por ejemplo, en su libro, hace deambular a sus personajes (charlatanes, escapistas) por el Sarajevo de los 70 y 80. Tiene secuencias hilarantes, surrealismo balcánico, huellas de la guerra y encumbra a la familia, tal y como cualquiera de sus películas.

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