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Velada en Xoxo: romería y misticismo

Foto(s): Cortesía
Luis Ignacio Velásquez

En el municipio de Santa Cruz Xoxocotlán confluyen dos visiones de la muerte. La indígena, zapoteca y mixteca, que en distintos tiempos dominaron Monte Albán; y la cristiana, occidental, traída al continente por los españoles. Una, la indígena, es festiva, irreverente, desacralizada; la otra, la occidental, más seria, mística, reverente.


De hecho en la Ex Garita, la entrada o salida por el lado sur de la capital del estado, que se ubicaba en la salida del municipio de Xoxocotlán, aun se conserva la primera ermita cristiana fundada por los españoles, tras el regresó de la aventura por San Pedro Tututepec, donde pretendían erigir la capital de Antequera.


Este sincretismo tiene su mayor expresión el día de la vela en el panteón. Por la mañana del día 31 de octubre los xoxeños acuden al camposanto para limpiar los sepulcros. Con el apoyo de palas, cubetas y cepillos, lavan y desbrozan en torno a la tumba del familiar fallecido.


El manto negro y las ánimas


Por la tarde, cuando los rayos del sol se pierden por el poniente, poco a poco van llegando las familias para acompañar a sus difuntos. Entonces colocan flores, encienden veladoras y entre copas de mezcal, cervezas y refresco esperan que el manto negro de la noche envuelva al cementerio, para compartir los tamales o tortillas embarradas de mole con los ausentes.


El panteón nuevo, con su sección para los lugareños y otra, para los avecindados, se llena entonces de un ambiente místico. El humo del copal invade todos los rincones del cementerio, mientras niños, jóvenes y adultos deambulan por las tumbas con vistosos disfraces.


 




La familia entera se dio cita en el camposanto.

 


El panteón viejo


En el centro del municipio todavía se observan las ruinas de la capilla de San Sebastián, en lo que fue el primer panteón de Xoxocotlán, construido allá por 1535 a 1555.


El lugar hoy constituye un importante atractivo turístico, toda vez que desde hace tiempo su cupo está completo. Pocos son las familias que velan ahí, aunque los tapetes y arreglos de las tumbas son los más auténticos.


El templo, como mucho otros, fue edificado originalmente con adobe y materiales de la región, por lo que desapareció. En 1657 fue consagrado a la advocación de San Sebastián, aunque no soportó los temblores y el paso del tiempo.


A este lugar llegan cada año en estas fechas decenas de fotógrafos profesionales y aficionados para captar imágenes de la celebración de los Fieles Difuntos en este municipio conurbado a la ciudad capital.


Celebración que continúa el día primero de noviembre con la llegada de los “angelitos” y el dos, con los Fieles Difuntos. A quienes se dedican los enormes altares adornados con arcos de caña, pan de muerto, mezcal, chocolate, mole, agua, sal, tortillas, cigarros, frutas y calabazas en dulce, entre otros muchos productos de la región.


La velada


El cempasúchitl, la cresta de gallo o borla, tiñen de amarillo y rojo la amplía extensión del panteón. No solo en los floreros, sino por los pétalos que adornan o cubren cada tumba; aunque no falta quien prefiera la fruta en el ornamento.


Pocos, muy pocos, optan por rezar rosarios o alguna otra oración fúnebre.


La velada en Santa Cruz Xoxocotlán es una auténtica romería. Familias completas acuden al cementerio para pasar la noche con sus muertos.


No faltan entonces mariachis, tríos o trovadores que recuerdan en algunas canciones a quienes ya partieron de este mundo, pero hoy tienen permiso para convivir con su familia. Amor eterno, Un puño de tierra, Que falta me hace mi padre, entre otras muchas, son himnos que nacen del corazón para los seres queridos.


Aunque no falta la banda que para acompañar a uno de sus ex integrantes, acuden con la grabadora o el teléfono celular para poner algunas "rolas" de heavy metal y hasta fumarse un buen “churro” en honor al camarada.


Este día no hace falta la luna. La velas y veladoras inundan de luz y calor el camposanto.


Mientras transcurren las horas, las voces se hacen más graves, los gritos más fuertes. La festividad más emotiva.


En tanto que el frío obliga a familiares y amigos a apretujarse en torno al sepulcro o encender pequeñas fogatas para calentar el cuerpo.


 




El llanto de los angelitos

 


LA ROMERÍA


No hay un solo segundo de silencio.


El amplio acceso a veces resulta insuficiente para permitir el ingreso o salida de la gente. Los disfraces son de lo más variado y sugerentes. Monstruos, muertos, momias, vampiros, calacas, pasean por el panteón llamando la atención de los visitantes.


En tanto que en el exterior la vendimia ofrece desde frascos con espuma, hasta juguetes de fricción luminosos.


Sin faltar los puestos de tlayudas, tacos, tostadas, café y refrescos.


Pues si los muertos disfrutan su día, tampoco es para que los vivos permanezcan al margen de la celebración, porque ya lo dice el viejo adagio: el muerto al pozo y el vivo al gozo.


 


SANTA CRUZ XOXOCOTLÁN


El municipio de Santa Cruz Xoxocotlán se localiza a cinco kilómetros al suroeste de la capital del estado de Oaxaca.


EL VOCABLO


Su nombre proviene del vocablo náhuatl Xoxotl, que significa “lugar de frutas ácidas” y Tlan : lugar.


LA VELADA


A partir de las 5 ó 6 de la tarde las personas que tiene familiares descansando en alguno de los cementerios de la población arriban a ellos para la tradicional velada, para ello llevan consigo flores, velas, calaveritas de barro y dulce, comida y mezcal o cerveza para soportar el frío y el sereno de la noche y la madrugada, ya que la velada termina a las 4 ó 5 de la mañana.


El santuario


93 mil habitantes


3.9 tasa de crecimiento anualizada


10 años, promedio de escolaridad


2.3% de la población de Oaxaca habita en Xoxocotlán

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