Descendientes del Rey Cosijoeza, población zapoteca bautizada como “primera hija de la tierra. Lugar en donde el viento silba el danzón Nereidas en memoria del célebre músico Amador Pérez Torres. Zaachila, son bocados de carne ahumada, higaditos y empanaditas, lugar de danzas de altura: la de la Pluma y la de los Zancudos.
Presente en las festividades de la Guelaguetza, la localidad invita a fundirse en un paseo por su cultura y tradiciones,
Una de éstas, arraigada desde hace muchas décadas, incluso estiman que tiene más de un siglo, es la Danza de los Zancudos, ligada a las festividades en honor a San Pedro Mártir.
Herencia centenaria
La historia recogida de voz de los habitantes más antiguos, apuntan a que esta tradición nació en el barrio de San Pedro la Reforma, Zaachila. El registro más antiguo encontrado es de 1870, en donde el Congreso del estado reconoce a San Pedro el rango de pueblo.
Felipe de Jesús Martínez, zancudo e historiador, relata que detrás de esta práctica hay una leyenda entretejida con la vida religiosa del pueblo zapoteco. Si bien ésta es relatada de manera distinta por cada uno de los habitantes de mayor edad de la población, todos coinciden en tres elementos: una aparición en sueños, una imagen religiosa y una manda.
Filiberto Villareal o tío Fili, tamborilero del pueblo, relata que la imagen de San Pedro apareció en la zona limítrofe entre Zaachila y San Raymundo Jalpan. Los pobladores de Jalpan decidieron resguardarla en su templo; sin embargo, la imagen se escapaba por las noches y aparecía en el barrio de la Reforma.
Con la idea de que sus vecinos de La Reforma eran quienes robaban la imagen, los de Jalpan mandaron a custodiarla por las noches, pero ello no impedía que San Pedro Apóstol escapara. Durante la noche la guardia de topiles escucharon que la puerta de la iglesia había sido abierta. Al verificar, constataron que la puerta estaba cerrada, pero al día siguiente, al abrir la capilla, el santo no estaba.
La manda y los zancudos
José Mendoza Ortiz, o tío José, otros de los pobladores de mayor edad y por muchos años fue capitán de los zancudos, agregó que así, en sueños, San Pedro se hizo presente en los pobladores de La Reforma a quienes les hizo una petición especial. “Quiero que lleven un grupo de personas disfrazadas como hombres y mujeres pero que no pisen tierra. Así me llevan con música y alegría”.
El mismo santo se apareció en los sueños de Jalpan para que permitieran que los de La Reforma cumplieran la manda.
Fue así que, para no pisar tierra, los hombres del barrio elaboraron unos zancos con estacas de carreta. Cumplida la manda la población mantuvo aquella práctica, que únicamente se realiza en Zaachila, sobre todo durante los festejos en honor a San Pedro Apóstol el 29 de junio. Durante la festividad, los zancudos llegan a dedicar más de siete horas de baile y recorrido.
En muchos la preparación como zancudos inicia, incluso apenas aprenden bien a caminar. El primer acercamiento son latas de leche y con el tiempo y la práctica van elevando la altura de los zancos. A los ocho años, ya son capaces de bailar 50 centímetros despegados del suelo e ir subiendo hasta llegar a la juventud a los dos metros diez.
Detenerse en el tiempo
Visitar Zaachila, poblacón ubicada a no más de 30 minutos de la capital del estado, es como detenerse en el tiempo al recorrer el tianguis tradicional que todos los jueves se despliega sobre las calles céntricas.
La importancia de esta actividad -explica Laura García Aguilar, secretaria técnica del municipio-, se centra en el intercambio comercial con los pueblos vecinos, e incluso prácticas de trueque.
“Zaachila es un abanico cultural, es gastronomía, es un modo de comportamiento, estilo de vida genuino que ninguna otra parte pudiera tener, es un sistema organizativo para nuestras fiestas patronales y el comercio. Somos un abanico cultural en donde la gastronomía es un factor importante, tenemos diversidad de moles, pan y bebidas ancestrales”, explicó.
