SANTA MARÍA VIGALLO, Zimatlán de Álvarez, Oaxaca.- Bajo el grueso y retorcido tronco del huamuche, descansa pensativa la figura de Octaviano. La gorra roída cubre los pensamientos de preocupación del hombre, mientras ve pastar un buey en la campiña desprovista de cultivos.
“Tengo que buscarle, pues no me queda de otra”, dice con la firmeza de sus 60 años de edad. Éste es el tercer año consecutivo de siembras siniestradas y el segundo intento de cultivo que pierde en este aciago año. “Primero vino la granizada en junio y luego los efectos de la canícula”.
La granizada
El 17 de junio, el cielo se anudó en un negro cobijo. Apenas habían pasado las 19:00 horas, cuando los nubarrones se retorcían entre la luz de los relámpagos. El pensamiento de Octaviano se enturbió y una vez calmada la tormenta, tomó su lámpara y dirigió sus pasos calzados en huaraches de cuero, hacia los cultivos. Como en una batalla, las calabazas y los chiles habían sido destruidos por el granizo.
Ya no había nada. Las plantitas de tomate y chile se acabaron, el frijol también; no había naditita. Todo se acabó. Todo desapareció
El siniestro fue reportado a la presidencia municipal junto con los de los demás campesinos, pero los valuadores de la compañía de seguros Protección Agropecuaria establecieron en su informe que se habían registrado daños menores que no justificaban el pago por siniestro.
Octaviano no supo lo anterior, pero después de varios meses a la espera, intuyó que no habría reparación del daño.
Al otro día del siniestro, la desolación se había extendido por el pueblo. Había una tristeza en sus habitantes. “Todo parecía que ya no volveríamos a sembrar. Así se sentía cuando platicábamos con el compañero. Se sentía como una tristeza, porque lo que se había invertido se perdió”.
Doble pérdida
Después de la granizada, Octaviano volvió a sembrar un poco de maíz y frijol al igual que otros de los campesinos y campesinas. “Se volvió a hacer la lucha de la siembra, pero no resultó porque la canícula alejó las lluvias. Todo se volvió a perder. Doble pérdida”.
-¿Le quedaron ánimos para volver a sembrar?
-Sí– asegura firme-, es a lo que nos dedicamos, ahora sí que de eso vivimos. Estamos atenidos a que venga buen temporal para poder recoger cosecha. Eso es en lo que estamos esperanzados, en que lleguen las lluvias, que haya cosecha y tengamos maíz para nuestro consumo.
Octaviano se vuelve a sentar al pie del grisáceo árbol. Las ramas del huamuche crepitan cuando una ráfaga de aire se lanza contra el campo cubierto con desmayadas mazorcas, que según Octaviano, ya no servirán ni para pastura, por el exceso de agua de los últimos dos días.
La milpa no ganó a desazonar su tallo, está débil, pues con un airecito se dobla. Ahí se ven las milpas que ya se están volteando. Es más, ni pa' pastura sirve
El mismo viento arrastra el sonido de una canción grupera. Cerca de ahí, Nezahualcóyotl, un joven campesino de 42 años, pastorea un rebaño. Con la mano izquierda empuña del tallo una calabaza y con la otra el mango de un machete con el que va guiando a los animales.
No hay cosechas
El terreno de Nezahuacóyotl fue limpiado completamente antes de que las lluvias tardías pudrieran las milpas y éstas dejaran de servir como pastura. El hombre, quien ha dedicado toda su vida al campo, no se muestra acongojado a pesar de que asegura “de ahí vivimos”.
“Nadie se va a recuperar, no hay cosechas”, expresa al tiempo que levanta la calabaza al nivel de sus hombros, como una evidencia de los daños. “Sólo nos quedaron dos o tres, se puede decir que no hay nada ganado”.
Desde la percepción de Nezahualcóyotl, de los tres años consecutivos de pérdidas, éste ha sido el peor y lo que considera lo peor del asunto es que viven engañados por el gobierno estatal y federal a la entrega de un seguro que sólo han visto en propaganda política.
El cielo amenaza con volver a desatar un torrencial. El hombre desocupa una mano, recoge una piedra y la lanza hacia el rebaño para evitar que avancen más sobre la tierra removida preparada para un nuevo ciclo de siembra, pues confía que pronto lleguen los recursos del seguro agrícola y puedan iniciar de nuevo.
Seguro agrícola
Nancy Méndez Pérez, regidora de Desarrollo Rural y Agropecuario de Zimatlán de Álvarez, afirma que desde el 2014, el temporal no ha favorecido al distrito. En aquél año, al igual que en 2015 y 2016, la sequía ha sido la responsable de todas las pérdidas de las cuales el seguro agrícola sólo cubrió el primer año, aunque no de manera total.
Por cada hectárea siniestrada, el seguro subsana con mil 500 pesos; sin embargo, el número de afectados duplicó el número de hectáreas avaladas como siniestradas, por lo que fueron entregados a cada uno de los campesinos 750 pesos.
La solicitud de pago realizada el 2015 fue rechazada. El argumento planteado a la regidora de Zimatlán fue que el presupuesto había sido reducido por la aseguradora. “Yo fui a la dependencia y ya me dijeron que en definitivo no se va a hacer el pago. Nuevamente volví a meter una solicitud en este año, pero creo que tampoco habrá. Me dijeron que metiera mi solicitud y que si había un remanente se podría pagar”.
En este año, el balance realizado muestra una mayor afectación a la registrada en fechas pasadas.
Cadena de daños
11 agencias integran Zimatlán
100 hectáreas afectadas en 2014
870 hectáreas afectadas en 2015
900 hectáreas afectadas en 2016
300 hectáreas en Zimatlán de Álvarez
200 hectáreas en Santa María Vigallo
200 Hectáreas en San José Guelatova
70 hectáreas en Núcleo Rural el Rosario
66 hectáreas en San Sebastián Río Dulce
64 hectáreas en La Raya
