En septiembre pasado, Araceli Peralta Chávez pagó 2 mil 508 pesos para que el Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Oaxaca (Sapao) le instalara su toma y medidor de agua domiciliaria al conectarse a la red de abasto municipal, pero aún carece del servicio.
Hace un par de meses llegó por primera vez el recibo que, por un momento, la hizo creer que ya contaba con agua entubada, un servicio por el que debía pagar sin haber disfrutado una sola gota de agua.
La ironía le rondó en el pensamiento, pero antes de ponerse triste, se acercó a la llave de agua, la abrió y constató que seguía seca.
“Quise hasta pensar que a lo mejor ya teníamos agua y ni nos habíamos dado cuenta”, pero su realidad es muy parecida a la de hace algunos años, cada vez hay menos agua para más integrantes en su familia.
15 litros al día
En el predio que asentó en 40 metros cuadrados de una pendiente del cerro, tres familias dependen de un tinaco de mil 100 litros que SAPAO surte mediante pipas una vez a la semana, no hay más.
“Pero el agua no es gratis, pagamos 120 pesos al mes a SAPAO”, aclara Andrés, el hijo de Araceli, quien en cuanto pudo caminar y cargar botes de agua, acompañaba a Araceli a acarrear agua.
De inmediato Andrés hace cuentas, son 120 pesos por 4 mil 400 litros de agua que se distribuyen entre 10 integrantes, 110 litros, un promedio de 15 litros por día, un estiaje permanente.
Apenas hace cinco años el agua empezó a llegar por pipas. Antes de eso era caminar a un Ojito de Agua, en las faldas de la carretera antigua a Monte Albán, donde ahora ya todo está poblado de casas incrustadas en las pendientes de los cerro.
La falta de servicios no los ahuyentó
La falta de agua y otros servicios no impidió que las familias lleguen a vivir a esa colonia de un cinturón urbano que tiene como sello la ausencia de servicios.
Cuando el pavimento desaparece y los cerros muestran un intento de calle con pendientes de hasta 70 grados, Pedro empolva sus desgastados zapatos y muestra la llave de agua que sirve de ornato a un escenario precario.
En San Agustín Loxicha, de donde es originaria su familia, el agua no faltaba, pero el trabajo sí. Aquí se emplea como conductor de un mototaxi, con lo que obtiene al menos 150 pesos al día, aunque una vez a la semana tenga que destinar el 80 por ciento de ese ingreso a pagar el servicio de pipa de la SAPAO.
