A un mes de las festividades de Todos Santos y del Día de Muertos, el panteón general de San Miguel se encuentra abandonado ante la desatención del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
De hecho, el principal cementerio de la ciudad de Oaxaca de Juárez se encuentra prácticamente cerrado desde el año pasado, debido a las restricciones por los riesgos que representan las afectaciones ocasionadas por los terremotos del 7 de septiembre del 2017, principalmente en los corredores donde se encuentran los nichos.
Muros, bóvedas, pilares y arcos agrietados –algunos con apuntalamiento para evitar su derrumbe–, así como aplanados desprendidos, muestran los efectos del sismo, pero también la indiferencia del INAH a este inmueble histórico.
Fisuras y grietas
La capilla que quedó inconclusa, por el extravío en 1839 de los planos originales, donde se encuentra la cruz dedicada al Muerto Olvidado, también presenta severos perjuicios.
El encargado del panteón general de San Miguel, Raúl Canseco Luis, explicó que el área donde se presentan las mayores afectaciones es sin duda los corredores, debido a las fisuras y agrietamientos en una gran parte de sus muros y pilares.
“Está en malas condiciones”, señaló.
Sin embargo, dijo que desconoce la razón de la desatención del INAH al inmueble, a pesar de los daños registrados.
“Eso si no sé, eso le corresponde solamente al INAH”, señaló.
Algunos pilares fueron apuntalados para evitar su derrumbe. FOTO: Román Carlos
Abriría en horario normal
Subrayó que si no existe alguna disposición distinta, el panteón general San Miguel abrirá de siete de la mañana a seis de la tarde en las festividades de Todos Santos y del Día de Muertos.
“Sería en horario normal”, asentó.
Aunque observó que la Dirección de Protección Civil Municipal podría determinar algunas limitaciones en la zona de corredores.
“Podría ser para evitar riesgos, así se hizo el año pasado, después del terremoto”, indicó.
En los arcos, aún persisten los daños. FOTO: Román Carlos
Sale más barato, pero sin calidad
Sin embargo, el trabajo encargado a los panteoneros no siempre es de calidad, en comparación a las creaciones de los marmoleros.
“Nuestro trabajo es laborioso, casi artístico, de mucha dedicación. Por eso, cualquier trabajo que hacemos tiene garantía”, asentó otro marmolero, don José Alderete Cruz.
De hecho, algunos familiares de los fallecidos se han quejado de la mala calidad del trabajo de los panteoneros.
“Los panteoneros cobran más barato, pero no siempre es bueno su trabajo. Entiendo que todos tenemos necesidad económica, pero muchas veces su trabajo es pésimo. Mejor se deberían de dedicar a cuidar y barrer el panteón”, apuntó.
El panteón de San Miguel
En 1829, debido a un decreto de una nueva ley de panteones, que se ordenó debido a los índices de muerte registrados en la ciudad de Oaxaca por la epidemia de la viruela, los predios localizados entre el río Jalatlaco y las minas de cantera municipales, fueron escogidos como un lugar propicio para un cementerio.
En 1833, este cementerio fue usado otra vez para enterrar los numerosos muertos que fueron víctimas del cólera.
Un año después, en 1834, el panteón fue acondicionado con una cerca provisional y se comenzó la construcción de una capilla rodeada de nichos.
En 1839, las autoridades municipales decidieron mejorarlo, y consultaron al dibujante y maestro Francisco Bonequi para que hiciera un proyecto de panteón.
Una vez que el proyecto se aceptó, Bonequi fue nombrado director de la obra, pero debido a las constantes rebeliones que se suscitaron en la ciudad por aquellos días, se suspendió la construcción cuando se habían alcanzado ciertos avances y el proyecto de la capilla que debía estar en el centro del panteón se perdió y así nunca se concluyó la obra.
El panteón se usó desde esa época gracias al decreto del 5 de septiembre de 1844, que restringía definitivamente los entierros en templos.
Finalmente, quedó de cuatro paredes de 113 metros cada una y un simple frontispicio al estilo Toscano.
Dentro de él, se alzan cuatro galerías, las que comprenden 100 arcos en el mismo orden, con dos mil 355 nichos o sepulcros de piedra simétricamente abierta en las anchas paredes.
Actualmente, el panteón general San Miguel, además de los nichos, tiene alrededor de 22 mil tumbas.
Competencia desleal a marmoleros
Casi en el olvido, también se encuentran los marmoleros, verdaderos artistas, establecidos en los alrededores del panteón general San Miguel, debido a la desleal competencia que enfrentan con los trabajadores del cementerio.
Con algunas argucias, los familiares de los fallecidos son convencidos o engañados por los empleados destinados a la inhumación, exhumación y a la la limpieza, para que sean ellos quienes levanten una tumba o un mausoleo con material industrializado.
“El trabajo ha bajado demasiado, ya no es igual como antes, cuando había mucha demanda, debido a que se multiplicaron las marmolerías, pero también porque los panteoneros ahora se dedican a hacer tumbas”, afirmó don Félix Ortiz Moreno, un marmolero, con 59 años en el oficio.
Por eso, en las puertas laterales del cementerio, sobre la calle de Refugio, se encuentra montones de arena y grava, así como tabicones apilados, para que los trabajadores tengan el material a la mano, cuando sean requeridos.
“Es una competencia desleal, ya lo hemos reportado con varios presidentes municipales, pero no ha pasado nada. Incluso, ellos (los trabajadores) nos echan tierra para que los familiares de los fallecidos, no vengan a vernos”, señaló.
Aunque otra de las causas que orillan a los deudos a elegir a los panteoneros es que su trabajo tiene un costo menor.
“Nuestro trabajo es laborioso, por eso cuesta, un mausoleo llega a valer 10 mil pesos. Ellos, ponen una base de cemento, azulejo o loseta y listo”, señaló.
