Pasar al contenido principal

Niños, conscientes de la pandemia, cumplen un año con clases en línea

Foto(s): Cortesía
Ana Lilia Pacheco

Son las 10:30 de la mañana y es el recreo de Mateo, quien va en quinto grado, por lo que corre al comedor a desayunar huevos revueltos, platillo que siente que ha comido durante un año; comparte que lo que más extraña de salir es ir al cine y la comida de su escuela, aunque disfruta sus clases en línea, porque así pudo dejarse crecer el cabello y despertar tarde.


Mateo Sánchez ya no recuerda cómo fue su último día de clases presencial, pero sabe que afuera hay un virus que “lo puede matar” si no usa el cubrebocas, por lo que no puede salir y debe jugar y estudiar en su casa, actividades que ha hecho desde hace un año.


-¿Ya quieres salir?


-Pues ya tengo ganas, pero no se puede por los casos (de contagios por la COVID-19), ¿no?


-Oye, Mateo, ¿tú usas cubrebocas?


-Pos… ¡¿tú crees que me voy a dejar morir?! Yo no me quiero morir. 


-¿Y qué opinas de las personas que salen a la calle y no usan el cubrebocas?


-No sé, mucha gente sale a la calle por su trabajo y a veces hay gente que no puede comprar cubrebocas y por lo mismo debe salir a la calle a trabajar para comprárselo.


Las primeras personas en las que piensa Mateo que salen a la calle, son los vendedores ambulantes, por lo que agrega a su explicación: 


“Es muy difícil que ellos puedan tener dinero para comprarse un cubrebocas porque ahora disminuyó mucho, mucho, mucho que alguien compre algo en la calle porque ahora piensan que puede estar contaminado. Antes decían: ‘puede que tenga un moco o cualquier cosa, pero no te va afectar tanto’, pero ahora la gente lo piensa mucho”, explica.


Con 10 años de edad, Mateo sabe que hay personas que deben salir a trabajar “para que sus hijos coman”; pero también que hay otras que no creen en el virus, lo cual los arriesga más.


“Hay gente que piensa que es una gripa, pero cuando ven que está fuerte o les da a algún familiar y se pone grave, entonces comienzan a creer”, afirma.


El virus llega a la familia


El niño comparte que en meses recientes, su familia se contagió por el nuevo coronavirus y comenta que, según lo que le dijeron sus papás, también él se contagió, pero no sintió nada; sin embargo, su papá fue el más grave.


-Mi papá tuvo que usar oxígeno.


-Entonces estuvo muy grave, ¿qué sentiste?


-Me asusté mucho.


Para su corta edad, Mateo parece consciente de la gravedad del virus, incluso sabe datos como que la COVID-19 ha matado al uno por ciento de la población mundial y también tiene conocimiento de que recientemente han disminuido los casos de contagios.


-¿Cómo sabes todo eso?, ¿te lo cuenta tu mamá o tu maestra?


- No, por internet.


- ¿Buscas en internet información sobre el virus?


- No, no me interesa el coronavirus. Bueno, sí me importa un poco, busco un poco, pero es que mi papá a veces pone la mañanera y ahí lo escucho. 



La escuela en casa


Mateo estudia la primaria en una escuela privada de la capital oaxaqueña y por ello ha continuado sus clases en línea, las cuales mantienen su horario escolar, aunque comparte que le han disminuido el tiempo del recreo.


“En la escuela teníamos media hora de recreo, así que eran 10 minutos para comer y lo demás para jugar. Aquí sólo son 5 o 10 minutos para comer y regresar a clases, por eso debo tener fuerza de voluntad para no agarrar mis juguetes; es difícil porque los tengo a cinco metros de la computadora”, relata.


Mateo dice que sus papás se preocupan por su educación y por ello le compraron una computadora y contrataron internet, que por cierto, afirma que a las personas que les “ha ido bien” en la pandemia, son precisamente las que instalan este servicio.


Junto con su mamá se adueñaron de su sala, donde cada uno tiene su escritorio y computadora, lo cual ayuda a ambos para estar al pendiente de las clases que este mes cumplen un año de haberse vuelto virtuales.


-¿Te gustan las clases en línea?


-Al principio creí que sería igual, o sea estar encerrados, pero sí es diferente porque puedo apagar la cámara un rato, comer y volver a prenderla.


-¿No te regañan que la apagues?


-Sí, pero sólo la apago un ratito.


- ¿Prefieres clases en línea o en el salón?


-En el salón, porque si levanto la mano, a veces la maestra no me ve o no me doy cuenta que apagué la cámara y ya no puedo participar.


Desde hace un año, el niño de 10 años no ha vuelto a convivir en persona con sus compañeros y amigos, ni con alguien de su edad. Sale poco y duerme hasta tarde porque afirma no le da sueño, lo cual puede ser por tener mucha energía y no poder gastarla.


Además, es consciente que está en una situación económica estable, contrario a muchas personas que tuvieron que dejar sus trabajos o niños que dejaron de estudiar, como un par de sus compañeros, esto debido a la falta de un ingreso.


“Ya sabes, cuestiones familiares que tiene cada quién, que no sabemos”, concluye mientras termina su último pedazo de huevo, se levanta de su silla y corre tres metros a su escritorio, pues acaba de llegar la clase de su maestra de inglés.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.