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Migrantes: amargo retorno a casa

Foto(s): Cortesía
Octavio Vélez Ascencio

SAN NICOLÁS QUIALANA, Zimatlán, Oaxaca.- Las amenazas de deportación masiva del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y su reciente orden de construir un segundo muro en la frontera, han empezado a originar que algunos migrantes de esta comunidad prefieran ya no regresar allá y otros volver al terruño.


Aunque no a todos les ha ido bien, se sabe que la mayoría de quienes se fueron han alcanzado la prosperidad por el esfuerzo de años en ciudades de California, Texas o Nueva York, y podrían retornar en mejores condiciones de las que se fueron, ya sea para establecer un negocio o dedicarse a alguna otra actividad económica.


El campo prácticamente no resulta una opción, porque la sequía que aumenta cada año debido al cambio climático, ha provocado una verdadera tragedia en quienes se quedaron aquí, salvo algunos cuantos quienes tienen sistemas de riego y tecnificación.




Las mujeres se encargan de casi todas las labores en la comunidad.

El desastre se puede ver por todos lados: tierras cultivadas con matas de maíz que apenas alcanzaron si acaso un metro, ante la falta de lluvia en la etapa de floración, y familias en condiciones de pobreza.


Atrás quedaron los años en que estas tierras, como parte de la antigua hacienda, propiedad primeramente de los Zorrilla y después de los Baigts, era una de las principales productoras de maíz, frijol y caña de azúcar de los Valles Centrales, hasta antes del reparto agrario posrevolucionario.


De sueño a pesadilla


Doña Rosa Oliva Garrido Chávez cruzó la frontera en 1997 por el Río Bravo, junto con su esposo Everardo García Reyes y su hija que en ese entonces apenas tenía dos años, en búsqueda del llamado american way life o sueño americano.


“Me fui por necesidad, como todos, pasamos por Laredo; éramos varios, iba con nosotros una francesa que llevaba pegados muchos billetes en el cuerpo. Al llegar, pasamos por un túnel de aguas sucias hasta Nuevo México, de ahí nos subimos a un tráiler; mi esposo iba escondido entre las llantas y yo, en el camarote con otras tres personas. Después de seis horas llegamos a Dallas; ahí nos recibió un familiar que iba a pagar a los coyotes”, cuenta.




Casi vacía luce la comunidad ante la migración.

–Entonces, ¿su familia la ayudó para llegar y quedarse?


–Sí, al principio; nos esperó un familiar que iba a pagar, pero ahí fue cuando el sueño americano se nos hizo una pesadilla, porque mi familiar nos trató muy mal. En su casa, solamente nos permitían acostarnos en el piso y nos dejaban afuera todo el día cuando se iba a trabajar. No podíamos ni ir al baño, hasta que llegara. Fue así que mi esposo decidió buscar trabajo y desde el segundo día que estuvimos, empezó a trabajar en una carnicería, hasta ahora.


–Por esta razón, ¿usted decidió regresar a la comunidad? ¿a los cuántos años retornó?


–Sí y no; en el 2004 regresé porque decidimos que había que empezar a hacer algo porque no teníamos nada. Entonces, empezamos a construir aquí una casa y otra en la ciudad de Oaxaca.


–¿La llegada de Trump no atemoriza a su esposo? ¿Hasta cuándo andará por allá?


–Sí, claro, por la situación que está pasando con este presidente; ya empezaron las redadas, varios ya han regresado. Mi esposo, parece que se viene en diciembre; se quiere venir por voluntad propia, porque cuando los agarran, los avientan sin nada y allá se quedan sus vehículos y sus cosas que han podido hacer.


Trabajar y luchar




Fernando Antonio Cruz, exmigrante y exjugador de futbol americano.

Cuando tenía cuatro años, Fernando Antonio Cruz Galván, junto a sus padres Fernando y Bernardita, así como su hermana Ana Lilia, migraron en 1988 a los Estados Unidos, para asentarse en Monterrey, California. Estudió en escuelas con lengua inglesa y pudo terminar hasta la preparatoria, en la Seaside High School, donde incluso jugó en el equipo de futbol americano, Los Espartanos, aprovechando su estatura y peso.


Pensaba que se quedaría, hasta que regresó en 2012 al lado de su madre por una enfermedad de la abuela, cuando tenía 24 años. Ahora, aquí, atiende su negocio, un depósito de cervezas con venta de botanas y frituras.


–A la vez de estudiar, ¿trabajaste?


–Sí, claro, desde los 16 años; fui ayudante de mesero, mesero y cantinero en un restaurante. Afortunadamente, mi padre me quitaba 200 dólares de mi paga y así pude comprar un terreno y poner el negocio.


–¿Pensaste en regresar?


–Sí, decía que venía solamente por un año, pero me quedé. Ahora es más difícil, por lo que ha dicho el presidente Trump. Además, ya me casé, tengo familia, y sería demasiado difícil; del negocio sale para comer.


–¿Crees que realmente construya un nuevo muro, que haga deportaciones masivas?


–No lo creo, no es fácil, no se puede hacer de un día para otro. Además, se necesitan muchos recursos. De la deportación, puede ser, pero serán de las prisiones porque hay muchos detenidos. No creo de los demás, porque los mexicanos son muy trabajadores.


–¿Los estadunidenses querrán esos trabajos que dejarían los mexicanos?


–No creo, no lo harían; son trabajos duros.


–¿Está preparado México para una deportación masiva?


–No, para nada. Quienes regresen tendrán que trabajar y luchar porque no hay trabajo; el campo ya no es una posibilidad porque ha dejado de llover. Algo tendrán que hacer porque el dinero se acaba, mas que haya juntado uno.



“Mi papá, don Timoteo Reyes Castro, fue bracero en los campos agrícolas de California en las décadas de los 50 y 60; al regresar, se decidió a sembrar fresa con las enseñanzas aprendidas allá en los Estados Unidos. Después de 30 años, el sueño se hizo más que una realidad, porque el pueblo ha cobrado notoriedad debido a la producción de este fruto. Tengo una hermana, Erika Reyes Calderón, quien vive en la ciudad de Colombia, San Luis Missouri; se casó con un gringo, Rick Rurk. Ella es contadora, pero trabaja en la elaboración de ensaladas y alimentos en un restaurante; su esposo, creo que es licenciado. Ya tiene la nacionalidad estadunidense por su esposo, pero me parece mal que ahora (el presidente Trump) quiera deportar a los migrantes porque la mano de obra de México, de Oaxaca, es la que ha sacado adelante a varias empresas de Estados Unidos y sobre todo, debido a que de su trabajo dependen muchas familias con las remesas que envían a sus familias. No me parece justo”.


Anselmo Reyes Calderón, Campesino, heredero del precursor de la siembra de fresa

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