SAN NICOLÁS QUIALANA, Zimatlán, Oaxaca.- Don Timoteo Reyes Castro migró nueve veces a los Estados Unidos en la década de los 50, para laborar como jornalero agrícola en el vecino país del norte. De esta experiencia heredó a sus hijos, un hombre y cuatro mujeres, el gusto por cultivar la fresa y una propiedad sembrada con diversas especies de árboles, donde pueden recibir a los compradores del producto.
Hombre que amaba profundamente el campo, observó en Irapuato, Guanajuato, donde a veces paraba en su trayecto a Estados Unidos para laborar en la pisca de la fresa, y Fresno, California, el cultivo de la fragaria, que crece a ras de suelo.
“Cuando regresó al pueblo comenzó a sembrar fresas en pequeñas parcelas para ver el comportamiento de la planta, si se adaptaba al suelo, el clima, las condiciones de la tierra; además, compró algunos libros sobre el cultivo de la fresa para conocer todo lo referente a la planta; él no fue a la escuela de agricultura, pero fue autodidacta, así fue como comenzó a cultivar la fresa en Quialana”.
Desde hace 35 años, la fresa es un cultivo exótico en esta comunidad, donde familias enteras y grupos de escolares acuden para conocer la siembra y degustar el producto bajo las frescas sombras de los árboles.
Dulce cosecha
Un olor dulce y agradable prevalece en el campo cultivado de fresas, en San Nicolás Quialana. FOTO: Emilio Morales Pacheco
El señor Anselmo Reyes Calderón, hijo de don Timoteo, comenta que la cosecha de fresa se lleva a cabo durante los meses de enero, febrero, marzo y abril, los cuatro meses de secas, porque cuando empiezan las lluvias, las plantas dejan de producir.
“Esto es una herencia, ya que mis hermanas y yo aprendimos el cultivo con mi papá, solamente seguimos lo que él nos enseñó; ahora, con mis hermanas, cada quien hace su chamba, nos repartimos el trabajo y la ganancia”.
-¿Y cuánto logran producir?
-La verdad, no hemos calculado, pero la fresa produce un poco más que cualquier otro cultivo de la región.
-¿Pero es redituable?
-Sí, pero también se le invierte mucho trabajo.
-¿Y por qué los otros campesinos no cultivan fresa?
-Pues porque la gente no quiere entrarle al trabajo. Nadie se anima a dejar la seguridad del maíz y la alfalfa; además, requiere mucha más atención que estos cultivos tradicionales.
Don Anselmo comenta que su papá también tuvo la idea de limpiar un terreno que tenía en el pueblo, sembrar árboles e instalar algunas bancas con troncos para que la gente que fuera a comprar fresa descansara o caminara por el campo.
“Aunque ahora ya no está muy bien porque los nogales se están secando, porque no hay agua y les cayó una plaga, pero cuando estaban los nogales verdes estaba muy bonito, había mucha sombra”.
Unidos para el trabajo
Don Anselmo Reyes asegura que no ganan mucho dinero con el cultivo de la fresa, pero mantiene unida a la familia. FOTO: Emilio Morales Pacheco
Detrás de la barra de madera donde expende fresas con crema y canastos con el fruto fresco, que despide un aroma dulce y agradable, su hermana Beatriz Reyes Calderón subraya que su producto es de muy buena calidad, ya que se han esforzado en tener las mejores plantas.
“El sabor de esta fresa no es igual a la que se vende en el mercado, ni mucho menos en las tiendas de autoservicio, pues poco a poco hemos ido mejorando la clase de nuestro producto. Si siembra una planta híbrida, la fresa que produzca va a ser grande pero insípida, con semillas enormes y duras, sin sabor; pero si se va propagando la planta, el producto va mejorando, hasta alcanzar un aroma muy agradable y un sabor muy dulce, que es la que vendemos”.
Manifiesta que los domingos ofrecen al público fresas frescas, paletas de fresa, cubiertas de chocolate, fresas con crema hasta licor de crema de fresa, en el espacio creado para eso por don Timoteo Reyes Castro.
“Al igual que mi padre, nosotros buscamos en libros recetas elaboradas con fresas para poder vender nuevos productos, no inventamos nada; todo es de recetas que vienen en los libros, por ejemplo, el licor lo sacamos de un recetario de España; de hecho este licor lo comenzó a preparar mi papá y nosotros mantenemos solamente la tradición”.
Dice que el trabajo está organizado y dividido: “las hermanas limpiamos la parcela, regamos, hacemos los canastos para vender la fresa y preparamos los otros productos; además, cosechamos la fresa y atendemos a los visitantes”.
Visitas domingueras
Don Timoteo también ideó un lugar de descanso para los posibles compradores. FOTO: Emilio Morales Pacheco
“Los domingos es cuando tenemos más visitas y agradecemos a las personas que vienen, porque gracias a ellos podemos mantener este negocio familiar; aquí pueden recorrer el área y comerse unas sabrosas fresas bajo la sombra de los árboles”.
Ambos hermanos coinciden que tal vez el cultivo de la fresa no es el gran negocio, “pero sí nos mantiene unidos a los hermanos en el campo, donde por cierto se vive una situación muy difícil por la escasez de agua, los ataques de plagas y muchos cultivos ya no son negocio; la fresa no es negocio, pero nos mantiene, de otro modo ya cada quien hubiera agarrado por su lado”.
El señor Anselmo expresa convencido: tal vez yo ya me hubiera ido de migrante o a otra ciudad del país para buscar el ingreso que me permitiera mantener a mi familia; pero gracias al empeño de mi padre puedo estar aquí cultivando fresa, con mis hermanas; “sin mucha ganancia, pero sacando lo suficiente para vivir sin sobresaltos, que es lo que al final de cuentas deseaba mi padre”.
