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Hacen "negocio" dentro del plantón en centro de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

“Ay na’ más para apoyarnos. Pero en realidad no es un cobro, es una cuota voluntaria para los gastitos”.


Desde su lugar establecido en una carpa en la Alameda de León, es como un vigía. No vende nada, no es plantonista, su función es asignar los espacios al comercio informal dentro del campamento de maestros.


El cobro de piso es un kilo de arroz, frijol o cincuenta pesos por día, “si a usted le va bien en sus ventas puede dar más, eso se queda en su conciencia, pero aquí, de que vende, vende”, asegura entre el griterío “de a diez güerita, de a diez” y una antigua cumbia de un hombre que canta: “no estoy triste, no es mi llanto…”.


La plancha de la Alameda y el Zócalo es ocupada en un 70 por ciento del comercio ambulante. La falta de espacio para otro puesto genera conflicto.


El “líder” se dedica a apaciguarlos abriendo lugares para meter más vendedores en áreas de medio metro.


Alfredo es un vendedor de discos pirata. Cada vez que hay plantón instala de inmediato su tablón de un metro y la sombrilla para amortiguar el calor.


“No nos cobran nada sólo que apoyemos cuando hay plantones”, expresa, pues no concibe que un kilo de arroz o frijol sea una paga.


-¿Y si yo quiero vender algo nada más me instalo y ya? ¿no me dicen nada?


-Pues todo depende. El hombre se queda pensando- ¿Qué vendes?


-Agua - Él vuelve a pensar y recorre con la mirada los espacios ocupados.


-Ya está todo lleno, pero vaya a ver allá por palacio a ver si hay. Si hay algún hueco, pues ahí se instala.


-¿No me corren?


- No. Sólo das tu cuota y ya.


El espacio es libre, según lo afirman los dirigentes y los propios comerciantes, no está asignado a ninguna organización ni filiación partidista, sin embargo, colocarse sin ningún tipo de aviso a quienes controlan el lugar podría derivar en una riña.


En la llamada zona cero las ventas son diversas pero predomina la venta de alimentos y aguas, sombreros, ropa típica y lonas, quizá uno de los negocios más redituables en estos momentos.


El medio día comienza a caer así como el sol que eleva los olores a basura, grasa y orines descargados en las esquinas de la catedral.

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