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Ernestina: pescadora de la laguna del Parmar que agoniza

Foto(s): Cortesía
Redacción

LAGUNA DEL PALMAR, SANTA MARÍA TONAMECA.-Casi no puede verse nada en la profundidad de la laguna, porque la oscuridad es extraordinariamente intensa.


A las 7 de la mañana nos embarcamos en la lancha de Ernestina para emprender un viaje por este mundo silencioso.


El manantial es un tranquilo remanso que comparte espacio con el mar abierto. Hasta ahí nos dirigimos para vivir la experiencia acuática al lado de esta humilde pescadora.


Cada vez que escudriña en el fondo de la ciénega para ubicar, con su extraordinaria orientación y sentido de la vista, el banco de peces, Ernestina inicia un descenso a la noche perpetua.


Arribamos a Laguna del Palmar donde ya nos esperaba Ernestina, lista con su atarraya, y nos dirigimos hasta la entrada del estero para abordar la pequeña embarcación, la cual tuvimos que arrastrar unos metros para sacarla del fango que se formó por la gran cantidad de desechos que se acumularon tras la furia del llamado mar de fondo.


Nos quitamos los zapatos para caminar entre el agua estancada y pestilente a causa del pudrimiento de las plantas, principalmente lirio y mangle.


Pasado este trance, Ernestina nos dio la indicación para subir a la lancha.


Con cuidado y equilibrando el peso de la embarcación, tomó su remo y lentamente se fue alejando de la orilla.


Conforme nos fuimos adentrando en estas aguas, pudimos observar los efectos del fenómeno natural que redujo la extensión de la laguna.


El agua, regularmente dulce, ahora sabe salada porque el mar penetró; el lago está repleto de ramas, arena y hasta un poco de basura industrial, como botellas de plástico.


La contaminación de este manto de agua ha afectado la actividad en este pequeño pueblo de pescadores, donde las mujeres, como Ernestina, sustentan la economía familiar.


En estas aguas, antes límpidas, se desliza la lancha de la pescadora. Rodeada por la naturaleza y teniendo como compañía el vuelo de las garzas, esta indígena de diminuta figura, pero con una gran fuerza en los brazos, rema durante varios minutos.


En poco tiempo alcanzamos la playa, lo que a decir de ella, es una muestra de que la laguna ha perdido territorio.


Cuando hubo estado en un punto medio, lanzó su trasmallo para pescar pequeñas lisas, robalos, mojarra, pargo y bagres.


Danza de la atarraya


Ernestina trata de mantener la barca firme con su mismo peso. Los pasajeros permanecemos inmóviles, bien agarrados de lado a lado y casi conteniendo el aliento, como si con eso pudiéramos evitar el constante vaivén de la canoa. Al ver nuestro temor nos tranquiliza, segura de su habilidad, y sigue con su labor. Cuando lanza su red, parece que ejecuta una graciosa danza.


La arroja y ésta se extiende de tal manera que forma casi un círculo perfecto al caer al agua. La pescadora trata de cubrir la mayor área posible y espera a que la red llegue al fondo, posibilitando así que más peces queden atrapados en la superficie.


Mientras atrapa a las especies marinas que habrá de vender más tarde entre sus vecinos, nos relata cómo, desde muy niña, se ha dedicado a la pesca ribereña.


Viene de una generación de hombres y mujeres de agua que ve, con gran tristeza, cómo la laguna se va deteriorando lentamente. Ya no es aquella que alcanzó su máximo esplendor hace unos 30 años.


RECONOCIMIENTO


Durante nuestra travesía nos encontramos en su barca a Adalberto y David. Los pescadores nos saludaron tímidamente y Ernestina les pidió que se acercaran para saber noticias de "tío Beto" quien, debido al fenómeno de mar de fondo, perdió su embarcación y su choza.


Los hombres le contaron que su pariente estaba bien, aunque triste por la destrucción de sus pertenencias. Ernestina aprovechó para comentar asuntos relacionados con su actividad y para intercambiar instrumentos de pesca. Luego, la capitana de nuestro navío siguió su curso. Le pedimos que nos acercara a la playa. Queríamos constatar los efectos provocados por el mar de fondo.


Desembarcamos para observar los daños causados por el fenómeno natural, pero tuvimos que hacerlo apresuradamente porque las olas comenzaron a reventar con mucha fuerza.


Ahí nos dimos cuenta de que arrasó con una gran extensión de playa, reduciendo el espacio entre ésta y la laguna. Ernestina nos mostró los daños ocasionados a su palapa y nos contó que a su hija el mar le arrebató su lancha.


Realizábamos el recorrido cuando los pescadores nos pidieron que apurásemos la estancia en esta zona, pues observaron que el mar se veía agitado y amenazante, y nos advirtieron del peligro.
No quisimos contrariar a la naturaleza y regresamos a nuestra lancha para iniciar el retorno a tierra firme.


Observando al sol como si fuera su brújula, Ernestina viró el pequeño barco con su remo y emprendimos el viaje, teniendo el viento a nuestro favor.


LOS DÍAS Y LAS NOCHES


La pescadora se adentra en la laguna de día o de noche, incluso de madrugada. Cuando la luz del sol se apaga, y con su barca tiene que partir, Ernestina toma su lámpara y se adentra en la laguna. No tiene miedo de cruzarla  y de pescar en la penumbra. Conoce este lugar como la palma de su mano. La necesidad de comer y de tener algo qué vender al día siguiente para subsistir con sus tres hijas es más fuerte que el temor a la oscuridad y los peligros de la noche.


Ernestina es madre soltera y gracias a la pesca puede ganarse el sustento diario. Por eso es importante que las autoridades hagan algo urgente para limpiar el estero, pues de él dependen por lo menos 20 familias. Desde el paso del huracán "Paulina" comenzó el deterioro de este paraíso natural y hasta ahora nadie los ha apoyado.


Ella aprendió a pescar desde los 8 años. Además de esta actividad, se dedica a realizar viajes en su lancha para diversión de turistas o familias de la región que vienen aquí a pasar un rato agradable.


Ernestina no tiene más equipo que su red y su hielera. Además del paseo en lancha, prepara alimentos que ofrece a los paseantes en un pequeño comedor. Para ello, construyó una enramada en la playa, pero el mar de fondo la destruyó. Ahora se ha quedado sin esta fuente de ingresos.


Sin timón, pero a puerto seguro


Ernestina lucha día a día para sobrevivir en este lugar olvidado.


Los apoyos institucionales nunca llegan. Ella, como otras mujeres pescadoras, sale adelante por sus propios medios.


Vive de la riqueza natural que le brinda este manto. Lo cuida y lo quiere porque es su principal proveedor de alimento.


Ernestina rema sin descanso. Todo es silencio en la laguna y soledad en la playa. Sólo su balsa se distingue en la distancia.


Se escucha el golpe del remo. Navega sin timón pero nos lleva a puerto seguro.


El sol es el faro de blanca luz que la guía. El bote se dirige a la orilla y desembarca.


Se despide de nosotros y regresa a su canoa. Remonta nuevamente las aguas profundas y se pierde surcando el horizonte.


Laguna del Palmas


118 habitantes
13% de los hogares carece de agua entubada
9% de las viviendas tienen piso de tierra
37% de los habitantes no terminó la primaria


Fuente: Inegi / Censo de población y vivienda 2010. Sedesol

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