Aceptar la determinación de la autoridad municipal de no volverse a instalar en el Paseo Juárez El Llano y expender cada viernes en las calles de Derechos Humanos y Curtidurías, en el Barrio de Jalatlaco, desplomó las ventas de más de 400 comerciantes en la vía pública.
La decisión, implicó además para algunos comerciantes el aumento del pago de cuota a líderes, la indefinición del lugar asignado y la falta del servicio de energía eléctrica que en el Llano les proporcionaba la Comisión Federal de Electricidad a cambio de una cuota de 35 pesos.
Los mueven y mueven
“Aquí está hecho un caos, aprovechando el cambio no estamos los mismos, aumentaron los puestos, trajeron un montón de gente de la Central de Abasto y nos redujeron los espacios”, es la queja de una expendora de comida a un comensal a quien le sirve unas quesadillas.
De manera tangible Soledad Martínez, una joven alfarera de San Marcos Tlapazola si vio el cambio en el monto a pagar por un espacio de dos metros, de 20 pesos que pagaba en El Llano la cuota se incrementó a 50 pesos.
Hace dos meses ella junto con su madre Inés se afiliaron a la Confederación de Trabajadores de México (CTM) tras pagar una cuota de 200 pesos. La promesa era que tendrían un lugar seguro, pero no fue así, a las semanas se dio la reubicación que disminuyó en un 50 por ciento sus ventas.
Quedarse en Tlapazola sería peor, ahí la alfarería la pagan a la mitad de precio que aceptan en el tianguis, pero por ahora le implica destinar casi todo el monto de su venta diaria al pasaje.
Comparan, pero resisten
Neri Pacheco, quien con su horno de leña móvil elabora pizzas para vender por rebanadas o completas, sabe bien que la venta de los viernes en El Llano era superior a las que registró ayer.
Pagar sólo cien pesos de derecho de pisos es mejor que cubrir los 8 mil pesos de renta mensual por un local cerca al Centro de Convenciones, donde en un día de fin de semana vendía la mitad de lo que lograba en el tianguis de El Llano.
Es precisamente los altos costos de la renta lo que impiden a Juliana Justo, quien se dedica a elaborar y vender joyería urbana desde hace casi diez años en el tianguis, lo que le impediría cambiar su puesto por un local establecido.
“No es la misma venta que teníamos en El Llano porque ese es un lugar turístico, a lo mejor si se le hace difusión si llegan a comprar los mismos”, cuenta una comerciante que paga 50 pesos a la Asociación Libertad por colocar una mesa de 1.80 metros para expender lo que elabora.
Y aclara: “No es un lugar fijo, podría tener uno mejor con la CTM, pero es más complicado. El Sitio Libertad pide 150 pesos por día para tener un lugar fijo. No como ahora que es temporal”.
El optimismo es el único consuelo para Víctor Ruiz, quien aceptó la reubicación del tianguis porque éste en si mismo representa una oportunidad de atraer gente por la diversidad de productos que se ofrecen, como el abobo orgánico y las zetas que expende en una mesita de madera desde hace apenas tres meses.
