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Entre inseguridad, angustias y alegrías, taxistas festejan su día

Foto(s): Cortesía
Redacción

Oaxaca.- Entre alegrías por contar con un empleo, así sea sin prestaciones sociales, pero también entre angustias y lágrimas por la inseguridad, la violencia, las protestas y los bloqueos viales, los ruleteros celebran hoy el Día del Taxista.


Entre quejas también, pues hay acusaciones de que a algunos trabajadores del volante les pretenden cobrar hasta 400 pesos por la comida con la cual festejarán su día.


Además, entre ruda competencia, pues en la entidad se calcula que hay más de 35 mil concesiones del transporte público y en la capital se calcula que son mil 200, a los que los colectivos les invaden y roban pasaje.


“Que ponga otra vez la Policía Estatal las casetas de vigilancia a las salidas de los pueblos para que tengamos un poco más de seguridad… Que tengamos seguridad social… Que los patrones sean comprensivos cuando no sale la cuenta… Que se acaben los bloqueos y las protestas”, las variadas y múltiples demandas de quienes trabajan mínimo nueve horas detrás del volante.


¿Y los filtros?


Con 23 años de servicio, Juan Lucas García está agradecido por contar con un empleo. Maneja un taxi del sitio Antequera, con el número económico 111.


Enviudó hace tres lustros, y con lo cual su trabajo se ha duplicado; además de ruletear en la capital por nueve horas, tiene que estar al pendiente de sus tres hijos, dos de ellos adultos y uno adolescente, que iniciará pronto su bachillerato.
“Mis respetos para la mujer, porque ellas sí se las ingenian mejor que uno; ahora mi rol es doble, pero lo hago con mucho gusto y con cariño”, dice el hombre, que ha vivido de todo a lo largo de más de dos décadas, incluyendo un asalto.


Fue en el año 2002, en que le pidieron una dejada unos individuos, uno de los cuales le puso una navaja en el cuello y otro una pistola en la sien. “No tuve otra más que darles todo lo que pidieron; no opuse resistencia, en estos casos lo mejor es la seguridad de uno; les dije que si querían el taxi, se lo llevaran”, cuenta.


Le ha tocado también, que en su unidad de motor, a una mujer embarazada se le haya roto la fuente y tuvo que llamar a una ambulancia, que llegó con prontitud a atender el parto; “si no, la hubiera yo hecho de médico”.



 


A él le preocupa mucho la inseguridad. Cuenta que antaño, la Policía Estatal colocaba casetas de revisión a las salidas de la capital, cuando un taxista llevaba a un pasajero foráneo; revisaba la unidad, tomaba datos del pasajero y al final verificaba el regreso, lo cual permitía un control además de inhibir a la delincuencia.


“Hoy nada de eso hay, ojalá lo vuelvan a poner; era una gran ayuda, pero pues ahora, la violencia es demasiado intensa, incluso han matado a compañeros”, explica.


Reconoce que cada vez es más complicado juntar los 300 pesos de cuenta diaria, más la gasolina y el dinero que le corresponde por la jornada.


“Con los problemas económicos, de tránsito, nos cuesta trabajo los traslados, más vuelta, más tiempo, más gasto de gasolina, y se le sufre; ojalá el gobierno haga algo”, dice esperanzado.
 


Ella y su radio


Ruth Bernardino Sebastián no es taxista, pero como si lo fuera. No conduce una unidad de alquiler, pero los controla, los guía, verifica su salida o llegada. Está de sol a sol, más de 10 horas, de pie, atendiendo al gremio del sitio colectivo Riberas de San Jacinto.


Llega a las 09:00 horas y se retira a las 19:30 horas; come en la calle prácticamente y se gana 30 pesos diarios por cada uno de los siete taxistas del sitio que controla vía radio de banda civil.



 


Vive en la colonia Francisco I. Madero de Santa Cruz Xoxocotlán; con tres hijos ya grandes, vive y atiende a sus padres con su empleo, que resulta a razón de 210 pesos diarios.


“Hay que atenderlos bien y sobre todo con mucho respeto, porque por ellos comemos, porque si las personas no se trasladaran, nosotros nada más no”. A veces reniega de su trabajo, pero recapacita y se vuelve a enorgullecer y a agradecer a la vida por el empleo.


“Estuve en un trabajo en una empresa privada durante 20 años, y de repente me corrieron y no me dieron un peso; gracias a los taxistas ahora puedo comer y seguir viviendo la vida”, dice la morena mujer, en la prolongación de Trujano de la capital, donde está el sitio.


El 4 de octubre cumple dos años en su nuevo trabajo, y está agradecida con la clientela y con los ruleteros, sus compañeros.
 


Joven al volante


“Nadie sabe quién está a bordo de la unidad, lo que nos toca como taxistas es darles confianza y ser sus amigos para que no pase a mayores; aun así, sea algún personaje con mala fama, lo que nos toca es llevarlo y tratarlo de la mejor manera con tal de que pase su rato bien en la unidad y llevarlo bien a su destino”.


Eso dice Jesús Emanuel Luis Celis, de 29 años de edad, y taxista desde hace siete. Entró al oficio por gusto y por necesidad, tras dejar trunca la licenciatura en Administración de Empresas; está próximo a casarse y para ello tiene que trabajar aún más, además de ayudar a su familia.


“Cuesta más trabajo últimamente juntar lo del día, apenas inicio de este mes se elevó el precio de la gasolina, además de las complicaciones y a veces es estresante no encontrar pasajero”, narra, tras decir que si hubiera algún apoyo del gobierno, pediría se considerara el seguro social para los trabajadores del volante.


Ha corrido con fortuna de no ser víctima de los asaltantes, “pero sí de hacerla hasta de psicólogo, muchos clientes se desahogan con nosotros y pues hay que escucharlos, hay que dar de vez en cuando un consejo”, dice Jesús.



 

De tres décadas


Un viejo taxista lo es Clemente Jiménez Antonio, de Asunción Etla; comenzó a trabajar allá por 1987 en el único sitio colectivo que había entonces, “Etla” A.C. y desde donde continúa a la fecha; cuando comenzó a trabajar eran 18 unidades y actualmente agremian a 50.
A él lo han asaltado dos veces; en una de esas, dos tipos pidieron que los llevaran a Nazareno, Etla, pero en el camino le pusieron un cuchillo en el cuello, para quitarle el dinero.


“Pero ahí la llevamos, tratamos bien a la clientela, por eso es que hemos durado”, cuenta el hombre del que dependen esposa y cuatro hijos.


“Está mal que haya demasiada inseguridad, ojalá las autoridades hagan algo; nosotros lo único que queremos es trabajar. Está mal también que haya tantos bloqueos, tantas protestas de los maestros que dañan a muchas personas”, reflexiona.



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