Las obras de reencarpetación de cien metros en la carretera federal 190, a partir del kilómetro 5+100, no representaron ninguna oportunidad de mejora a esa vía que por las lluvias de este fin de semana se volvió a encharcar, alcanzando el agua un nivel de hasta un metro de altura.
Así como abrieron sus negocios, vecinos de esta vía que atraviesa la agencia de Santa Rosa, invirtieron tiempo para barrer y limpiar accesos y banquetas que confirma la falta de mantenimiento de las rutas de acceso a la ciudad de Oaxaca.
Tienen lagunas por las lluvias
De nada sirve que su propiedad esté un metro arriba del nivel de la carretera; de nuevo a Carolina Rodríguez les volvió a tocar sacar tierra y lodo de su negocio. FOTO: Román Carlos
Bajo la supervisión de Caminos y Aeropistas de Oaxaca (CAO), hace una semana los trabajos de reencarpetamiento iniciaron en el kilómetro 5+100 al kilómetro 5+200. Aunque se abandonaron los trabajos martes y miércoles.
El jueves se volvieron a retomar. Entre ese día y el viernes, en 10.20 metros de ancho que abarcaban casi tres carriles, sin tocar el carril por donde deberá pasar el Sitibús cuando entre en funcionamiento, se tendió una nueva carpeta asfáltica que tanto el sábado como el domingo recibió “el remojo” de las lluvias.
Justo en ese tramo rehabilitado se formó una laguna urbana, por el agua de la lluvia de la tarde-noche del viernes. La misma situación se repitió el sábado por la tarde-noche.
Arreglar sistema pluvial, la demanda
En vez de arreglar “un pedazo de carretera que no estaba dañado”, para Adrián Zamora, encargado de una tienda de impermeabilizantes, lo que las autoridades debieron solucionar es la falta de un sistema eficiente que gestione las aguas pluviales y evite encharcamientos.
La situación se agrava porque “baja el agua de las calles de la colonia Cuauhtémoc con todo y tierra que tapa las pichanchas y se mete a los negocios”, dice con enojo Adrián Zamora.
En esa molestia coincide Carolina Rodríguez Díaz, propietaria de una refaccionaria a donde ingresa todo el polvo que levantan los autos y camiones que transitan por el carril de confinamiento para el Sitibús, donde la plasta de tierra lleva acumulada varios días.
“Antes de esa obra el agua corría; debieron venir a cambiar la tubería y no levantar el asfalto de esta carretera que estaba en buenas condiciones”, reprocha.
Las alcantarillas son pocas y además, anegadas por lodo y basura. FOTO: Román Carlos
Una vía intransitable
Con una lluvia normal, “el agua llega a la banqueta y las personas ya no pueden caminar”. Si llueve copiosamente, el agua anegada supera hasta el metro de altura y entra a las construcciones aledañas, como la de Enoc Cruz, administrador de un taller de radiadores.
“Cuando llueve, atravesar por acá es ilógico. Los clientes ya no vienen porque si se estacionan no pueden pasar”, relata mientras advierte del riesgo que implica transitar en un vehículo de motor: “Si el agua le entra al sistema eléctrico, se detiene”.
Observar los efectos de la lluvia en esta parte de la Avenida Oaxaca le permite saber que el agua tarda en desaparecer por el drenaje pluvial entre una y hasta tres horas, pero no siempre toda desaparece.
Enormes charcos y lodo, los obstáculos
Lodo y agua estancada, en el carril confinado al Sitibús. FOTO: Román Carlos
Un ejemplo son los charcos que entre lodo fresco aún permanecen en este tramo de la carretera federal, precisamente sobre el carril de confinamiento del Sitibús, sin fecha aún para ser puesto en operación.
La tierra que junto con el agua baja de las calles empinadas de la colonia Cuauhtémoc, no ha sido removida por los vecinos porque no hay dónde tirarla. “Si la ponemos en la jardinera de enfrente, nos multan por dejar desperdicio en un área verde, pero nadie lo viene a levantar”.
Tampoco ha sido retirada la basura que tapa las pocas alcantarillas que ahí existen. Junto con el lodo, permanecen parte de los desechos del asfalto de la obra de repavimentación, a pesar de que la obra concluyó desde el viernes.
