El Covid-19 registró un nuevo caso en Oaxaca: la 64 legislatura.
Sin embargo, el paciente mostró síntomas distintos de la enfermedad, como lipotimia, soberbia, mareos, irritación y, sobretodo, fatuidad.
El virus hizo a los legisladores acortar la sesión ordinaria a una hora, a pesar de tener en agenda 50 puntos por atender, pero también perder el tiempo casi el mismo lapso, únicamente para dilucidar disputas pseudo políticas en tiempos de pandemia.
A las 11:20, el presidente de la mesa directiva Jorge Villacaña Jiménez inició la sesión solicitando que las iniciativas y puntos de acuerdo no se leyeran en su totalidad, ni que ningún diputado hiciera uso de la tribuna camaral, por la situación extraordinaria que se vive en la entidad por la pandemia de COVID-19.
“Con la finalidad de observar las recomendaciones sanitarias, esta presidencia somete a consideración del pleno la dispensa de las intervenciones de los diputados relativas a las iniciativas y puntos de acuerdos, por lo que únicamente se procede a turnarlos a las comisiones respectiva. En votación económica solicito que quienes estén por la afirmativa lo manifiesten levantando la mano. ¡Aprobado!”.
Inconformes por suspensión de sesión
Inmediatamente después puso a consideración del pleno el acuerdo de la Junta de Coordinación Política para aprobar la suspensión de actividades no esenciales del Congreso del 20 de marzo al 19 de abril, sin afectar las sesiones ordinarias.
Lo que se aprobó con 31 votos a favor y cero en contra.
Pero fue aquí donde el enfermo mostró signos de desmemoria que después degeneraría en disputa estéril.
El primero manifestar su irritación, a pesar de que estar aprobados los acuerdos, fue el petista César Morales Niño quien a gritos exigió respeto a su derecho de utilizar la tribuna para discursear.
-¡Con todo respeto, yo le pido conservar mi derecho a participar! ¡Señor presidente le pido, por favor, que no violente mi derecho a participar! ¡Señor presidente le exijo que no violente mi derecho!...
Mientras que el presidente apresuraba la lectura y sus compañeros diputados a coro reprochaban: Respeta tú la posición de los otros. ¡Adelante, adelante, adelante!
El morenista Othón Cuevas recordó que cuando Morales Niño ocupaba la presidencia de la mesa directiva actuaba de la misma manera, pero ni así el aludido dejó de vociferar.
“¡Estamos viendo a la mayoría en todo su esplendor! ¡No es posible que se estén violentando los derechos de los diputados!”.
Aunque el síntoma más grave de la enfermedad se dio al termino de la sesión, cuando el presidente Villacaña Jiménez, -quien sabe si por olvido o malicia-, convocó a sesión ordinaria hasta el 12 de abril.
Nuevamente en contra de los aprobado por la mayoría desde el inicio de la sesión.
Decisión que provocó entre morenistas, petistas, mujeres independientes y verdes accesos de ira, mareos y tos (porque mucho la hicieron de tos), ya que no podían tolerar que el priista se hubiera tomado la atribución de determinar la suspensión de actividades legislativas.
“¡Por qué vamos a estar sujetos a los que diga el PRI, somos mayoría!”.
“¡Eso no se acordó, eso no se acordó!”, reprochaban con enojo los coordinadores del Partido Verde, Aurora López Acevedo, y del PT, Noé Castillejos; en tanto los morenistas reprochaban a su coordinador Horacio Sosa la situación.
Sesión el 25 de marzo
Desde la mesa del Congreso, Hilda Pérez incitaba a sus compañeros a no abandonar la sala para llevar a cabo otra sesión, en la que la mayoría aprobara lo conducente, a pesar de que ya habían aprobado que las sesiones ordinarias no registraran ningún cambio.
“¡Aquí están los coordinadores vamos a reunirnos. Horacio ¿Dónde está Horacio? Vamos, vamos!”, proponían todos, al tiempo que el priista Alejandro Avilés abandonaba el lugar a toda prisa.
La convulsión y espumarajos del enfermo hizo que el presidente de la Junta de Coordinación Política, Sosa Villavivencio, apareciera para explicar que no había ningún acuerdo en el sentido de posponer las sesiones camarales hasta el 12 de abril.
Explicaba a la prensa el entuerto, cuando su compañera Leticia Collado Soto, con zafiedad, solicitó a la prensa dejarlos trabajar, aunque quién sabe en qué.
El enfermo sufría espasmos e Hilda Pérez le tomaba el pulso para proponer una medicina: convocar a una sesión extraordinaria, por lo que pedía a la secretaria de la mesa pasar lista y comprobar el quórum.
Nadie, en cambio, recordó que el acuerdo respectivo había sido aprobado por los mismos diputados, al inicio de la sesión ordinaria.
Aunque la medicina, resultó peor que la enfermedad.
Porque la convocatoria surgió del delirio del contagiado y nunca, en ningún momento, la receta tuvo la aprobación del infecto.
En la urgencia, la secretaria de la mesa Hilda Pérez únicamente citó a sus congéneres a sesión ordinaria el próximo miércoles 25 de marzo, a las 11:00 horas, sin realizar ninguna votación para la aprobación.
Con firmeza de enfermera, expresó: aclaro, sesión ordinaria a realizarse el próximo miércoles 25 de marzo, a las 11:00 horas. Es cuanto ¡Se levanta la sesión!.
Y sus compañeros la aplaudieron. Al tiempo que Sosa Villavicencio salía del lugar, molesto por la actuación “del pinche Villacaña loco”, que llevó el virus al Congreso.
