A pesar que el domingo la Secretaría de Educación Pública (SEP) presentó los horarios y canales en que se difundirán los contenidos educativos para educación básica y media superior, ni Karla ni su esposo Omar están enterados.
“La maestra no nos ha dicho nada”, explica tímidamente Karla, quien tampoco se ha atrevido a preguntar en el chat grupal que se creó desde marzo, cuando la pandemia de COVID-19 interrumpió de golpe las clases presenciales de Kevin, quien cursaba su primer año en una escuela pública en Tlacolula de Matamoros.
Omar es quien explica que lo único que recibieron al final del ciclo pasado fue la evaluación que contestó Kevin con facilidad y que hicieron llegar a la maestra. Más que saber que una de las opciones es que de lunes a viernes Kevin puede sentarse frente al televisor de 11:00 a 13:30 horas para ver los contenidos de nueve materias, él se aplica en enseñarle en casa lo que sabe.
“Si puede ser a temprana hora, qué mejor, pero cualquier momento es bueno para que él aprenda”, dice con orgullo un padre joven que por ser migrante y truncar sus sueños de maestro bilingüe se ha empeñado en que su hijo de siete años hable español, inglés y zapoteco.
No basta con contenidos
Para la maestra en investigación educativa que forma parte del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM, Erika Rivero Espinosa, en el nuevo ciclo escolar a distancia el papel de los familiares deberá ser de contención y regulador de la emociones que genera no asistir a la escuela, pero también ofrecer seguridad y apoyo a las y los niños.
Si bien reconoce que la televisión es un medio que permitirá que un porcentaje mayor de estudiantes acceda a los contenidos porque la mayoría carece de una computadora o servicio de internet, ésta no da pie a la interacción, además de que desdibuja el papel de las y los docentes.
Necesaria la interacción
Esa incertidumbre, considera, es generalizada, porque los docentes no tienen opinión sobre los contenidos y a seis días de iniciar las clases por televisión no conocen los contenidos que pudieran estar analizando en su consejo técnico para que propongan estrategias que permitan complementar lo que se verá en los programas educativos.
“No se reconoce si son guía, si realizan actividades complementarias, si van a responder dudas, su rol es incierto”, cuando su papel debe ser central, “porque lo fundamental son las estrategias que impulsan los maestros que fomenten la interacción para mayor bienestar de niñas y niños”.
E insiste: “La televisión no fomenta la interacción directa. Las y los docentes no pueden perder la comunicación con madres y padres de familia, porque en medida que lo hacen, aunque sea por teléfono, mensajes de texto o alguna plataforma para discutir los temas y cómo niñas y niños viven estos cambios por la contingencia”.
