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Dos circos se encuentran varados en Oaxaca por la contingencia

Foto(s): Cortesía
Ana Lilia Pacheco

Desde hace más de un mes, dos circos se encuentran varados en distintos puntos de la zona metropolitana de Oaxaca y uno de ellos tiene dos animales salvajes, a pesar de que se prohibieron desde 2015. 


Los circos están instalados de extremo a extremo, uno cerca del fraccionamiento Esmeralda del municipio de San Pablo Etla, al noroeste de la capital y el segundo está al este, sobre la carretera internacional 190 a la altura de San Agustín Yatareni. 


Los representantes de cada circo agradecieron que todos los días llegan personas de las colonias aledañas a ofrecerles comida, despensas y agua potable, para poder subsistir durante el tiempo que dure la cuarentena por el COVID-19. 



La pandemia apagó el show


En medio de un terreno cercano al fraccionamiento Esmeralda, están estacionados formando un círculo, tres casas rodantes y cuatro tráileres en los que se leen las atracciones que tiene el circo, del cual depende la familia Ibarra Meraz.


En el lugar han acondicionado tendederos para que los ocho integrantes de la familia puedan colgar su ropa, un espacio para hacer una fogata y cocinar, y un espacio para hacer trabajo de hojalatería y pintura de automóviles.


Margarita Meraz, dueña del circo, relata que ya estaban terminando la gira cuando se decretó suspender las clases y algunas actividades, por lo que tuvieron que mantenerse en este lugar, ya que no tenían el suficiente dinero para trasladarse.


“Nosotros siempre andamos trabajando; somos ambulantes. Del estado de Puebla nos vinimos a trabajar a Oaxaca y ya íbamos de regreso cuando sucedió lo de la pandemia”, relató.


Por su parte, Antonio Orozco, representante del circo ubicado a un lado de la carretera internacional 190, comparte que en el caso de su circo, son más de 30 personas entre niños, adolescentes y adultos, quienes también llevan el mismo tiempo varados en ese lugar.


“Nos estaba yendo muy bien, pero de repente pasa esto, ya no viene la gente y nos tuvimos que quedar aquí”, lamenta.


En su caso, desmontaron la carpa del circo, pero mantienen extendida una lona que es, de acuerdo con su relato, donde todos los días se reúnen los integrantes a comer lo que los vecinos les comparten.



Oaxaqueños no los abandonan


Don Antonio señala que al principio solicitó apoyo de las autoridades para poder sobrellevar la contingencia sanitaria; no obstante, recibió apoyo de la ciudadanía que todos los días comparten un poco de sus alimentos con ellos.


“Hay veces que traen algunos panes para prepararnos tortas u otras que vienen con grandes cacerolas de comida; no nos han abandonado desde que nos quedamos aquí”, enfatiza el cirquero.


Menciona que hay personas que vienen desde Tlacolula de Matamoros a ofrecerles despensas o comida ya hecha que es lo que más les importa, mientras que otros les han regalado agua purificada o potable.


“La gente de los fraccionamientos se han portado muy amables con nosotros, hasta nos preguntan qué necesitamos o si nos hace falta algo. Hace unos días vino un señor de la iglesia y nos llenó los cuatro tinacos que traemos y no nos dejó pagarle”, relata doña Margarita.


Señala que también le han llevado alimento a los cincos perros, así como al tigre de bengala y al oso negro que viajan con ellos en sus giras, que a pesar de que ya no trabajan en el show, siguen formando parte de la familia circense.



La vida después de la Ley General de Vida Silvestre


Tanto don Antonio como doña Margarita coinciden en que la vida en el circo no es la misma desde 2015, cuando se aprobó la Ley General de Vida Silvestre, la cual prohíbe utilizar animales salvajes en los actos circenses.


“Antes teníamos muchos animales, leones, tigres, osos, changuitos, llamas, pero tuvimos que acatar la ley. Nos disminuyó en un 90 por ciento las ganancias”, recuerda don Antonio, quien no tiene animales en su circo.


En cambio, doña Margarita subraya que tanto Yogui como Rayas están en buenas condiciones con ellos y que no podrían vivir en un zoológico o libres, ya que ambos nacieron en cautiverio y están acostumbrados a convivir con las personas.


“Algunos animales los entregamos a los zoológicos y no sabían qué darles de comer; muchos murieron, por eso nos quedamos con estos dos y los alimentamos, limpiamos las jaulas, los dejamos que estén afuera”, detalla.


Ahora, ambos circos dan shows con botargas, acróbatas y efectos especiales para no perder el poco público que ahora se acerca a los circos; “para nosotros, un día bueno es que hayan entrado 50 personas; pero antes teníamos filas y filas de espectadores”.


La ley:  El 8 de julio de 2015 se aprobó la Ley General de Vida Silvestre. La medida fue propuesta por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y se propuso una multa de hasta 50 mil veces el salario mínimo para aquellos que usaran a los animales en su shows.

Impacto de la ley: Un censo realizado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) en 2015, esto posterior a la ley, indicó que mil 298 animales “trabajaban” en más de 80 circos en todo el país y el 80 por ciento perdieron la vida.

Por su parte la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente  (Profepa), a través del departamento de Inspección y Vigilancia de Vida Silvestre, reconoció que la venta, decomiso y donación de animales no fue la mejor medida, debido a que no se garantizó que con la ley se  mejorarían sus condiciones de vida.


Algunos datos:


250 circos en México, se contabilizaban en 2016.


3 generaciones de cirqueros a los que pertenecen don Antonio y doña Margarita. 


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