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A dos años de la partida del artista Francisco Toledo, en Oaxaca aún se mantiene vivo su legado

Foto(s): Cortesía
Carina Pérez García

Sea lo que sea que se mueva en Oaxaca, tiene la impronta que Francisco Toledo (1940-2019) le dejó. El artista, filántropo, activista y mecenas vive no sólo por su vasto legado cultural, sino porque vaticinó y supo echar a andar proyectos educativos, de promoción de lenguas, ambientales, artísticos y sociales. Los ámbitos de su acción fueron todos y esa es la riqueza que lo mantiene vivo no sólo en la memoria, sino en las iniciativas que siguen activas. Hoy se cumplen dos años de su partida física; no habrá eventos oficiales, pero desde cada espacio que fundó, se enuncian día con día nuevos discursos creativos. 


El antes y después de Oaxaca tiene que ver con su generosidad. Para uno de sus colaboradores más cercanos es literal: “Mueves lo que sea en Oaxaca y aparece él. Hay un antes y después de él, una transformación, una metamorfosis única, positiva y  luminosa, un hombre que fue en el sentido contrario del capitalismo neoliberal dominante durante todos estos años, ya que socializó su riqueza”, así lo expresó hace tiempo Fernando Gálvez de Aguinaga, crítico de arte y curador.



En otra entrevista, su hija, Natalia Toledo, refirió que, en una nueva realidad llamada "normalidad", en la que el cubrebocas incluso puede salvar vidas “él quizá saldría disfrazado. Es algo que le hubiera encantado. Me lo imagino caminando por las calles de Oaxaca disfrazado de conejo o como algún personaje de los cuentos que él inventó, como ese mago que fue”.



Sin ceremonias, lo recuerdan en sus centros culturales


Daniel Brena, director del Centro de las Artes de San Agustín, comparte en entrevista que este año no habrá ceremonias, que todo lo que él quiso lo realizan día con día en las instituciones que fundó: “No hay ceremonia, más bien se trabaja en todo lo que hacemos, en continuar con la vocación que tenía: que la educación fuera gratuita y de la más alta calidad para todos. Nosotros le recordamos en las actividades que echó a andar y que seguimos con ellas”.



Agregó que el maestro vive a través de lo que muchas personas han emprendido con su trabajo artístico y qué mejor manera que recordarlo a través de los formados, beneficiarios y usuarios de los acervos de todas las instituciones, los talleres e iniciativas que forman parte de su legado. 


Este día, desde las cuentas en medios sociales de cada espacio como el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo y el Centro de las Artes de San Agustín, se publicará un texto relativo al aniversario luctuoso de Francisco Toledo. 



El versátil, el ideólogo


A unos días de que el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo celebre su 25 aniversario, Daniel Brena compartió que el maestro Toledo siempre estuvo interesado en la fotografía, desde niño: “Él decía que pensaba que la fotografía era más acerca de recuerdos de viajes y memorias, hasta que vio un libro de Álvarez Bravo y supo que la foto podría expresar algo más. De ahí le pidió una cámara a su familia y comenzó a tomar fotos; más adelante tuvo la oportunidad de conocer a Álvarez Bravo y a muchas personas, de descubrir la fotografía”.



En esas charlas que Daniel Brena mantuvo con el maestro, como uno de sus colaboradores más cercanos,  hablaron de los talleres, las bibliotecas, de los espacios culturales que fundó y de otras necesidades como el fomento a las lenguas; por ello, hace una década Toledo creó los Premios CaSa, que comenzaron con un sólo idioma: el zapoteco y que hoy abre su espectro a cinco idiomas. 


“A dos años de la partida de Toledo, el interés de la gente en sus iniciativas persiste y ver que la gente responde es muy emocionante. Seguimos la dirección que él quería, apoyados de muchos aliados, personas interesadas en fortalecer las lenguas”. De esta manera, todo su equipo, su familia y sus colaboradores honran las vetas que él comenzó a cultivar, con trabajo, voluntad y financiamiento. Hoy, Oaxaca celebra y honra el legado del maestro.



Para recordar


Francisco Toledo exploró todos los medios visuales imaginables para producir alrededor de nueve mil obras en las que recuperó técnicas antiguas e investigó con otras nuevas, tanto en la pintura como en la escultura, la cerámica y el grabado.


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