Los pensamientos surgen con fuerza arrolladora, traen consigo una vorágine de ideas que hacen tambalear al alma, son esas imágenes de antaño que cuando se hacen presentes, todo pierde sentido, el pasado toma una tremenda fuerza y el miedo, la angustia, el dolor vuelve a cimbrar al cuerpo y las lágrimas aparecen como un torrente que arrasa todo.
La negación ante este presente se apodera de la confianza y fe que se tenia hasta este instante, la vulnerabilidad se instala acompañada de la incapacidad para ver la luz del discernimiento.
Los recuerdos de situaciones vividas hace ya tiempo, se vuelven a sentir en carne propia, como si estuviera pasando aquí y ahora, castigando, golpeando... El resentimiento es la única sensación que anida en el ser, envenenando toda la existencia.
¿Por qué aferrarse con tanta fuerza a experiencias dolorosas? ¿Por qué se pierde la voluntad para soltar tanto peso? Los seres humanos nos nutrimos precisamente de experiencias tanto dolorosas como bellas, y si vemos hacia atrás, hacia el camino recorrido, nos daremos cuenta que a lo largo de nuestra vida, nos hemos enfrentado a la luz y a la sombra y que tenemos un gran don para acomodar esta dualidad para seguir creciendo, y ese don es el discernimiento.
Aprendamos tanto de las situaciones dolorosas como de las que nos han gratificado. El pasado es nuestro gran maestro, el presente es la oportunidad de poner en práctica las enseñanzas de él y el futuro es la oportunidad de soñar, de proyectar nuevos senderos por los cuales caminar.
Pero solo tenemos este día, este momento, la cuestión es decidir como vivirlo, si en el resentimiento o en la alegría de estar vivos, en la esperanza, en el amor… ¿Qué decides para ti hoy?. Informes: 9511029767.
