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Del debate a la lucha libre; entre la propuesta política y el piquete de ojos

Foto(s): Cortesía
Luis Ignacio Velásquez

A las 17:00 horas se encendieron las luces del pancracio e inició la función. Como estelares en el ring, la prensa identificó a el Cachorro, el Revolucionario y el Junior, quienes sin calentamiento previo se lanzaron a la lucha a ras de lona, ante la evidente ausencia del referee, el famoso Tirantes.


“¿Estefan, Jara y Benjamín estuvieron en el actual gobierno y qué hicieron, dónde están los hechos? Se necesitan resultados, no palabras”, gritó El Cachorro, cuando saltó desde la tercera cuerda para hacer su entrada, todavía acomodándose las mallas.


Pero la finta sólo hizo que el Junior, recientemente desenmascarado, lanzara una patada voladora, para ver si golpeaba a su rival. “Hoy pido una investigación judicial, a nivel internacional, para conocer las propiedades de Murat, las contrataciones de Benjamín y los 7 expedientes abiertos en contra de Jara. Basta ya de marrullerías”.


Ante la mirada atenta de los seconds, El Moreno, El PUP, El Profesional y El BMW, la lucha estelar a tres caídas con límite de tiempo, sin referee, apenas calentaba a los estelares. “No queremos un Murat con casas que compró su padre, el corrupto José Murat; ni tampoco a Pepe Toño que lo investiga el FBI por corrupción; es más él no debería estar en la lucha, pido a la empresa Triple AAA que lo separe de la contienda”, profirió El Revolucionario, intentando llamar la atención de los demás gladiadores.


Desde el inicio los luchadores mostraban tal rudeza, que El Profesional tuvo que pedir disculpas al respetable por la poca honorabilidad de los gladiadores, mismos que recordaba las épicas luchas del Cavernario Galindo, Black Shadow o Gory Guerrero.


Mientras el BMW repartía parejo patadas y manotazos: son profesionales, son empresarios de la política (perdón, la lucha). “Murat, Estefan y Benjamín han sido funcionarios de los gobiernos federal y estatal pero han sido acusados de corrupción, los tres son priistas; y Salomón es compadre de Alejandro Murat”.


Y esto sólo cuando apenas se hacía la presentación de los pancracistas.


Ya en la primera caída, El Revolucionario levantó el cártel donde se acusa al Junior de corrupción. Con la portada de un diario en lo alto, golpeó con todas sus fuerzas, para derribar a su rival. E insistió, la empresa Triple AAA no debe permitir que esté en el ring, que se vaya a los vestidores. En tanto El Cachorro jugueteaba por las cuerdas y dejaba que los contendientes cambiaran llaves y contrallaves, a pesar de que El Moreno lo incitaba al enfrentamiento cuerpo a cuerpo. “Murat no conoce ningún pueblo, no tuvo necesidad; es millonario, a los 11 años ya tenía cuentas bancarias con el dinero que nos robó su padre”.


En la segunda caída los luchadores se tomaron un respiro. Sólo el Revolucionario y el Moreno lanzaron alguno que otro tope en contra del entrenador de el Cachorro y el Junior, pero no hubo contestación. “Estefan es un mentiroso, usa un banquito para estar a la altura de las circunstancias, nos quiere engañar”, provocó el Moreno, pero fue olímpicamente ignorado.


La tercera caída marcó el reinicio de las pugnas, pero también con menor intensidad. Enfebrecido por el olor a sangre, el Revolucionario se lanzó en contra del el Junior y su entrenador, -El Coco-, a quien tildó de criminales.


“¿Murat, cuando vas a las comunidades, no te reclaman porque se los chingó tu padre? espetó a El Cachorro, pero la instrucción de la preparadora física Marcela Rubac era solo hacer ejercicios de sombra.


Al final nada para nadie. Patadas, puñetazos, topes y mucha, mucha  marrullería. El Moreno todavía exhibió fotografías de los viajes en helicóptero de sus compañeros, mientras el viaja en camión.


Todo se definirá el próximo 5 de junio, cuando en la lucha estelar los siete enmascarados se enfrenten a una sola caída, con límite de tiempo. Y no habrá más revancha.


 

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