Pasar al contenido principal

Congreso de Oaxaca: la caída del paraíso, Morena llega a los escaños de la cámara

Foto(s): Cortesía
Luis Ignacio Velásquez

La sala de sesiones del Congreso del estado se trasformó en una capilla funeraria.


Durante una hora, tiempo que duró la sesión, los legisladores presentes ofrecieron sus condolencias a los deudos. Abrazos, golpes en las espaldas, apretones de manos, diálogos comprensivos, fueron los signos de acompañamiento a la pérdida. El dolor fue tan profundo, que, en su desesperación, Juan Antonio Vera Carrizal exclamó como plañidera: “¡no funcionó la lana güey, no funcionó!”.
 


Lloran al hueso


Los dolientes eran muchos y de diversos partidos. Los priistas, Vera Carrizal, Herminio Manuel Cuevas Chávez, Felícitas Hernández Montaño, Donovan Rito García y Adriana Atristain Orozco; los perredistas, Tomás Basaldú Gutiérrez, Horacio Antonio Mendoza y Samuel Gurrión Matías; además del panista Juan Mendoza Reyes. Todos sufrieron una gran tragedia, no lograron conseguir otro cargo de elección popular. De ahí su desconsuelo y sufrimiento desgarrador.


Pero tres no daban crédito a su desventura, Rito García, Vera Carrizal y Gurrión Matías. “¡No mames, fue un millón de votos. Un millón!”, subrayó el neo perredista con gran desconsuelo, mientras los tres tristes compadres intentaban una explicación a su derrotero.


Tomás Basaldú Gutiérrez buscó minimizar la desgracia con una grandilocuente sonrisa fingida, pero el desconsuelo era mayúsculo. Vera Carrizal no podía con su sufrimiento. “¡no puede ser, no era así”.
 


Luto sin crespón


El resto de los diputados respetó el sufrimiento. No colgaron un crespón en el acceso a la sala, pero evitaron bromas, chascarrillos inoportunos, muestras de contentamiento. Ocuparon sus altas curules silentes, con caras compungidas observando con conmiseración a los deudos y, si estaban próximos les ofrecían esos gestos entre compasivos y obligatorios, que uno nunca acaba de interpretar.


Solo la actitud de una mujer morena rompió la solemnidad del momento. La diputada Hilda Graciela Pérez Luis quien no pudo, ni siquiera intentó, reservar su alegría para otro momento, porque ella sí repetirá en la próxima legislatura local. Esto a pesar de que supuestamente en el partido de AMLO no iba a ver reelección. Su risa fue un insulto al dolor de sus compañeros, héroes caídos el domingo 1 de julio.


Aunque también hubo ecuanimidad. El perredista Horacio Antonio Mendoza reflexionó su pérdida, recordando que siempre ha militando en la oposición y, por lo tanto, su infortunio fue menor. Cercano al dirigente del PRD, Raymundo Carmona Laredo, que en la víspera sufrió un atentado, concluyó: lo más importante es que estamos vivos, los demás vendrá con el trabajo.


Sin embargo, el consuelo no fue atributo de los demás. Gurrión Matías por momentos se sumía en su sillón e intentaba distraerse con su teléfono celular, después de que su ex compañera de bancada y ex coordinadora, María de las Nieves García Fernández, lo escuchara y le consolara con un fuerte abrazo.


Rito García buscaba a todos, sin importar partido, para recibir palabras de consuelo, porque su derrota fue por un mínimo número de votos, decía.


El que nunca pudo con la congoja fue Vera Carrizal, quien en un momento de exasperación clamó: “¡Ya, ya, a chingar a su madre. Ya!”.


Para después, continuar vagando por la sala para mitigar su dolor., como alma en pena.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.