Manuel Luna, profesor de una escuela primaria en el Centro Histórico de la capital oaxaqueña, señala que a pesar de tener alumnos que viven en zonas urbanas, la enseñanza a distancia ha sido un gran reto por las carencias de equipo de cómputo, acceso a internet y responsabilidad de los padres de familia.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el 53.1 por ciento de los capitalinos no cuenta con servicio de internet en sus viviendas, mientras que el 13.8 carece de un teléfono celular.
Detalla que decidió brindar atención a cada uno de sus 24 alumnos por videollamada; no obstante, se enfrentó a que algunos padres de familia tenían que pedir prestados los celulares a sus vecinos con conexión a internet, para que sus hijos pudieran recibir las clases.
“Uno de los obstáculos fue el tiempo porque en una semana atendía una hora a cada uno y teníamos problemas de conexión, se cortaba la llamada por el aire, no se veía la imagen, la red de internet no llegaba bien a donde ellos viven”.
Explica que algunos de sus alumnos viven con sus abuelos, quienes no cuentan con un celular, por lo que debían programarse con los papás para ir a visitarlos y llevarles el teléfono para recibir su clase.
“Algunas mamás no cuentan con teléfono celular y lo tenían que pedir prestado a un vecino o en otros casos, los niños se juntaban con otros para tener la clase juntos por la misma carencia”, afirmó.
Sobre la propuesta de la Secretaría de Educación Pública (SEP) de transmitir las clases en televisión y radio, el profesor refiere que es necesario observar los horarios en la televisión, ya que algunos alumnos no viven con sus padres y los abuelos no prestan la misma atención.
“Algunos de mis alumnos no son de la capital y regresaron a sus lugares de origen, donde no cuentan con el acceso a esos dispositivos electrónicos. Incluso, tuve un alumno que nunca se reportó y eso seguirá ocurriendo”, lamentó.
Hay niños, dice, que sus papás están divorciados, por lo que pasan temporadas con uno, luego con otro, sin que alguno tome la responsabilidad por la educación del niño.
“Nosotros que estamos en el Centro Histórico de la capital, nos hemos dado cuenta que no cumplen con los materiales básicos para tener acceso a la educación, ahora imaginemos cómo será en comunidades rurales”, reflexiona.
Clases personalizadas
El profesor de segundo grado de primaria relata que en un principio impartía las clases grupales y se ayudó de videos que él creó y subió a YouTube; no obstante, era complicado por el tiempo que invertía en grabar, subir y compartir.
Por ello, decidió dedicarle una hora a cada alumno para evaluar la lectura y el aprendizaje en las matemáticas, porque así vería y escucharía los errores y trabajar en ello; además, sabría si el niño hizo la tarea o la hizo alguien más.
“Esta parte de pasarle la escuela a los papás no es recomendable porque no todos tienen la formación para enseñar. Muchas veces se cae en el regaño, y como docentes nos interesa conocer los errores, porque así entendemos qué nos falta reforzar y analizar, mientras que los padres no aceptan los errores y ellos los corrigen y no permiten la evolución”, detalló.
De acuerdo con el Inegi, en la capital oaxaqueña son 72 mil 431 alumnas y alumnos de 3 a 24 años asisten a la escuela y tendrán que tomar clases por esta vía debido a la pandemia por COVID-19.
