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'Circus maximus'

Foto(s): Cortesía
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Dos por uno. No es mala idea. Brasil fue sede de la Copa Mundial de futbol en 2014, y Río de Janeiro organizará las Olimpiadas de verano de 2016. En teoría, este doble compromiso debería conllevar ahorro; los economistas llaman a ese fenómeno economías de escala. La final del Mundial se jugó en el recién remodelado estadio Maracaná de Río, que servirá de estadio olímpico en este 2016. Repite el ministro de Deportes de Brasil, responsable de ambos eventos, y muchos de los ejecutivos involucrados también son los mismos. Si todo va sobre ruedas, la celebración habrá traído como consecuencia una pacificación de las favelas, un aparato administrativo y político más eficiente y mejoras en la infraestructura, lo que acrecentará la fama y la fortuna de Brasil en las próximas décadas.


Cuando resultó ganadora la candidatura de Río para celebrar los juegos de 2016, se convirtió en la primera ciudad de Sudamérica en organizar las olimpiadas. El comité organizador de los Juegos Olímpicos de Río tomó unas medidas iniciales interesantes. Contrató a varias empresas de consultoría (AECOM de Los Ángeles, Wilkinson Eyre Architects de Reino Unido, Pujol Arquitectura de Barcelona, IMG y McKynsey de Nueva York) para diseñar una estrategia y estilo urbanos de cara a los juegos. El plan maestro final se proponía repetir el éxito de los juegos de Barcelona de 1992: cuatro áreas urbanas en vez de un área central, nuevas rutas de transporte y tecnologías para conectarlas. A nivel superficial, el plan se parecía al de Barcelona. En el fondo y en los resultados, sin embargo, los dos planes tienen poco en común.


Aunque los Juegos Olímpicos sólo duran 17 días frente a los 34 de la Copa Mundial, son inmensamente más complicados de organizar. La Copa Mundial involucra a 736 atletas; las Olimpiadas de verano, a 10 mil 500. El Mundial tiene un campeonato, las olimpiadas, docenas. La retransmisión de la primera asciende a cientos de horas; las Olimpiadas de Río de Janeiro darán lugar a cinco mil horas de retransmisión. Los turistas y el tráfico se concentran en una ciudad, en vez de estar dispersos en doce.


Las deficiencias que pudieran haberse presentado en la celebración de la Copa Mundial de 2014 parecen haberse multiplicado en el caso de los juegos de verano: 2 mil 500 trabajadores del Parque Olímpico se pusieron en huelga de hambre en abril de 2014 durante varias semanas, precisamente cuando varias autoridades del Comité Olímpico Internacional se encontraban de visita en Río. Nunca antes habían visto un retraso mayor. El COI tomó la medida extraordinaria de enviar un equipo para que se instalara en Brasil y supervisara el progreso de los diferentes proyectos de construcción durante los dos años de preparativos finales. (...)


Pero, igual que ocurrió durante la Copa Mundial, la implementación de los planes de Río de Janeiro sufrió mucho retraso. El COI expresó su preocupación de forma repetida. (...)


Los planes incluían una extensa construcción en cuatro zonas distintas de Río, incluidas las instalaciones deportivas, los carriles para el transporte rápido de autobús (BRT), las conexiones de Metro, la limpieza del puerto, un nuevo campo de golf y la Villa Olímpica en Barra de Tijuca, un sistema de alcantarillado moderno, nuevos parques, modernización de los aeropuertos y un museo, entre otras cosas. La Villa Olímpica contaría con 3 mil 600 apartamentos y con viviendas de lujo. Gran parte de la red de transporte conectaría al aeropuerto con las zonas hoteleras, y éstas con los lugares olímpicos o las zonas olímpicas entre sí. Todo esto parece irrelevante o innecesario para las necesidades económicas de la ciudad. (...)


Mientras tanto, se disparaban los costes: la candidatura original se estimó en 14 mil 400 millones de dólares, en julio de 2015, pero ha aumentado hasta los 20 mil millones. (...)


Es pronto para valorar estadísticamente el impacto económico de la celebración de la Copa Mundial y las Olimpiadas de Río. No lo es, en cambio, para considerar algunos factores que harían improbable su éxito económico. (...)


Después de Río, ¿habrá mayor o menor crecimiento? ¿Más o menos igualdad? ¿Mejorará o no la democracia? El tiempo lo dirá.


Fragmentos del capítulo VI (Río de Janeiro, Brasil y Londres) del libro Circus maximus. El negocio económico detrás de la organización de los Juegos Olímpicos y el Mundial de fútbol, de Andrew Zimbalist. Editorial Akal, 2016. Se reproduce con autorización de la editorial.


El autor es analista de la economía y la industria del deporte*

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