Martha Santos, de 78 años de edad y Teresa Flores están bajo los rayos del sol, observan a Antonio Tejada, esposo de esta última, que desclava la madera de la lámina vieja y oxidada. Las tablas las usan como leña y venden las láminas a 1.80 pesos cada una.
Martha vive con su esposo en la calle Alfonso Gurrión de la colonia El Maestro, en una casa de láminas y tablas podridas. Al igual que Teresa Flores, viven en muy alta marginación. A unos 10 metros de sus hogares, se alzan otras casas que contrastan la desigualdad social: son enormes y con grandilocuentes diseños arquitectónicos.
Pero ambos, ricos y pobres, son víctimas de la delincuencia. En esta colonia de la agencia municipal de Santa Rosa Panzacola, del municipio de Oaxaca de Juárez, son recurrentes los asaltos, el robo a transeúntes y a casas habitación.
Los ladrones "no distinguen"
“Yo no sé por qué Dios nos hizo tan pobres”, dice Martha Santos mientras se aprieta con ambas manos sus ojos para contener el llanto; “por eso tenemos a nuestros perros que nos defienden, tanto asalto, tanto ladrón. De veras ya no es posible vivir en esta colonia”.
Los delincuentes no hacen distinción, roban a quien sea. Muchas de las víctimas son jóvenes estudiantes de la Universidad del Golfo.
Martha Santos y Teresa Flores, habitantes de la colonia El Maestro, viven en pobreza extrema y ante los asaltos, se defienden como pueden.
Uno de los vecinos, quien prefirió no dar su nombre, sustituye la reja de metal por una pared de concreto y ladrillos, precisamente por la inseguridad; otros, han invertido en una malla con electricidad para evitar los robos.
Este, narra que una ocasión atraparon a dos ladrones que robaban en la casa de al lado; intentaban escapar por su vivienda, pero no pudieron porque cuentan con un perro. Cuando todos los vecinos lograron aprehenderlos, llamaron a la policía para entregarlos.
“Fue hace unos 20 días que los vecinos de las calles Pestalozzi y Gregorio Torres Quintero detuvieron a dos delincuentes, lo entregaron a la policía y en las manos de los guardianes se les escapó uno. Es parte de la incompetencia de las autoridades de seguridad”, agrega Ramón Ruiz.
Estudiantes, en la inseguridad
La inseguridad, según cuentan, se incrementó a partir de que iniciara operaciones la Universidad del Golfo en la colonia; principalmente, porque los estudiantes se han vuelto presa fácil para los rateros; sobre la avenida principal –se refieren a la carretera federal que está a dos cuadras– operan motociclistas que arrebatan los bolsos a las mujeres.
En la Avenida 19 de Marzo se han acentuado los robos a transeúntes; los estudiantes, las principales víctimas.
“Lo que hizo la gente fue organizarnos a través de un grupo de WhatsApp, donde si ven algo extraño se les avisa o se les habla para que salgamos todos a ver qué es lo que está pasando. Hemos pedido que se hagan patrullajes. La verdad, no ha hecho nada el municipio por la seguridad”.
“Sí nos han dicho que por qué no linchamos a la personas que agarramos acá atrás”, añade, “pero si empezamos a hacer todo eso, a dónde vamos a llegar”.
Domingos peligrosos
Los vecinos reportan también que la inseguridad aumenta los domingos durante el tianguis de automóviles que se coloca sobre la carretera federal.
“Se pone pesado por el tianguis de los carros, porque luego vienen a hacer negocios acá, pero luego los ves con pistola en mano y luego ya no sabes ni qué hacer; los vecinos tienen miedo porque no saben qué clase de personas son, si son secuestradores, ladrones o (si traen pistolas) por seguridad de la compra-venta del carro”.
Además, están los robos a casas habitación: “Un día en la mañana llegó un camión y pensaron que se estaba mudando y cuando llega el dueño, se habían llevado todo”.
Ramón Ruiz afirma que las autoridades municipales nada hacen para combatir la inseguridad.
Ramón Ruiz afirma que la policía hace rondines de seguridad esporádicamente; pero no ha podido atacar la delincuencia. Le ha tocado, dice, ver a los delincuentes en motocicleta o caminando “viendo la situación de cómo afectar al ser humano”.
Para él, la colonia El Maestro no es una zona de alta marginación como se afirma desde el gobierno. Viven, asegura, en una muy alta marginación porque sus calles están pésimas, no hay seguridad pública y tampoco inversión para la agencia de Santa Rosa Panzacola, la más grande de la ciudad de Oaxaca y que abarca 37 colonias.
Un perro, el guardián
“No sé qué le está pasando al gobierno, ojalá que el nuevo gobierno haga un cambio. Desgraciadamente (los delincuentes) se han salido con la suya y las autoridades dónde. Lo que hacemos a veces es mejor omitir hablar a la policía, porque luego la policía está coludida, los vecinos dicen 'ya no sabemos ni qué hacer'”, puntualiza.
A Martha Santos y Teresa Flores también les preocupa su seguridad, por eso se hicieron de perros; un aspecto que pudiera parecer trivial, pero que para ellas implica un gran sacrificio, porque apenas sobreviven ellas y su familia.
“Si ahorita tengo problemas con mi agua porque tenemos perro bravo (se refiere a que los funcionarios de SAPAO se niegan a dejar los recibos de agua potable en sus hogares), pero el problema es que asaltan, por eso mismo tenemos perro”.
“Entran a matar a uno a la casa”, agrega Martha Santos. “No nos ayuda el gobierno para nada, mire cómo estamos. El Gobierno va y viene; para votar nada más, pero no ayudan a la gente pobre. Ya se está cayendo la casita que tenemos aquí”, dice Teresa Flores.
