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"Antes la gente apoyaba; ahora se desviaron los ideales del movimiento": jubilada Sección 22

Foto(s): Cortesía
Redacción

Son las 12 del día, casas de campaña forman pasillos y callejones en el zócalo de Oaxaca, hay maestros que resguardan el campamento, el calor y los ambulantes son sus fieles acompañantes, este martes cumplen 15 días de plantón, “cada delegación de todos los sectores forman guardias para vigilar”, informa una maestra jubilada que se reúne todos los días con sus compañeros frente al palacio de gobierno, fiel a sus ideales acude a las convocatorias continuamente.


Reconoce que las manifestaciones masivas han diezmado, “antes la gente apoyaba porque las causas eran justas, ahora se desviaron los ideales del movimiento, pero no importa nosotros seguimos”, dice la maestra pensionada que tiene a tres de sus cuatro hijas trabajando como docentes y no le da pena decirlo.


Asegura que para ella es motivo de orgullo que sus hijas sean maestras, “la gente dice somos huevones, yo creo que aquellos que piensan eso están equivocados, hay mamás con bebés en brazos cuando podrían cumplir sus horas de trabajo tranquilamente y estar en casa, esas maestras son los que de verdad tienen convicción”.


La docente jubilada, quien vivió el movimiento magisterial del 2006,  considera que tal vez la gente ya no cree  porque a raíz de esa jornada muchos líderes se beneficiaron económicamente, “pero ellos no son el movimiento, el movimiento son los maestros que están en las comunidades pobres y marginadas del estado y que conocen la realidad del México actual”, enfatiza.


“Esta semana es decisiva para el movimiento”, comenta con un grupo de profesores jubilados; cree  que sí pueden ser la últimas movilizaciones antes de antes de que se aplique la reforma educativa en Oaxaca, pero por lo pronto seguirán dando batalla.


Ambulantaje



Para los vendedores ambulantes que se instalaron en inmediaciones del zócalo desde el 15 de mayo, el plantón magisterial es un oasis económico que beneficia a muchas familias que dependen de las ventas informales y que por los altos costos de arrendamiento, no tienen la posibilidad de pagar un local establecido en la zona centro.


Así lo cuenta uno de los tantos ambulantes que todos los días, desde las 9 de la mañana,  llega al plantón con su mochila llena de paletas hechas con gelatina de diferentes figuras: corazones, estrellas, soles, entre otras.


Asegura que si es un buen día de venta, obtiene  300 pesos diarios, pero invierte 200 en mercancía, sólo le quedan 100 pesos, esa es su ganancia en una jornada de más de 8 horas, un poco más de los 73.04 pesos de salario minímo que marca la Ley Federal del Trabajo.


“Pues ahorita venimos porque no hay inspectores del municipio y aprovechamos para chambear”, recalca el vendedor de gelatinas mientras se escabulle por los pasillos del plantón.


Asegura que lo difícil no es elaborar los paletas, sino que el verdadero trabajo es convencer a la gente para comprarlas, “les tiro un rollo les hago ver la necesidad que tengo de vender y así es como los convenzo, a parte diez pesos no es nada para muchos” .


Confiesa que los profesores son los que más compran, por lo regular las maestras “ellos son los que más hacen el gasto, de repente hay uno que otro turista, pero siempre nos hacen el feo”.


Camina rápidamente de cliente en cliente, algunos le compran otros lo ignoran, pero no se desanima sabe que la ganancia del día puede descender si se detiene a lamentarse.


“Los empresarios siempre se quejan de los ambulantes, pero ellos si no quieren perder un poquito, mientras nosotros todo el año le tenemos que batallar para sacar pa’l  chivo” enfatiza molesto al cuestionarle si sabe que los comercios establecidos han tenido que despedir a 60 personas debido a las bajas ventas que provoca el plantón.
 

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