Pasar al contenido principal

Ambulantes, amos y señores de las calles de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Giovanna Martínez

El reloj marca 19 minutos pasado el mediodía, un comerciante informal coloca la sombrilla para cubrir el puesto de venta de blusas típicas, acapara la banqueta; en esta parte de la ciudad y para el ambulante no importa el peatón sino la mercancía.


En la capital de Oaxaca en un año el comercio ambulante creció 40 por ciento. La calle de Las Flores, que en algún momento fue cerrada para evitar el paso de los informales, ahora es ocupada por puestos asentados sobre ambas aceras y en la calle ya no circulan autos.


Los elementos policiacos desaparecieron; ahora son hombres, mujeres y niños sentados en bancos quienes esperan al “marchante”.


Ropa, zapatos, lentes, “artesanías”, aretes, dulces, cinturones, bolsas, entre otras cosas, son algunos de los artículos que se ofertan.


Esta calle, a un costado del ya casi desaparecido Palacio de Gobierno -por los puestos informales que lo rodean- ya no cabe un comerciante más, por lo que se coloca un pedazo de plástico en la calle y se expende la mercancía.


Terreno minado


El peatón circula sobre un espacio minado de baratijas, convocado en voz alta a mirar los productos, “que va a llevar”, “pásele, tenemos coladores de todos tamaños”, “rayadores para sus frutas y verduras”, “qué buscaba doñita”.


El color de las banquetas de cantera verde se transformó en marrón, por la combinación de líquidos de extraña procedencia que son depositados sobre la vía. Esto genera un olor hediondo, combinado con el aroma de los alimentos que se expenden en la zona .


Peligro


Para el comercio ambulante no existen las zonas de riesgo, en la esquina que conforman las calles de Las Casas y Flores Magón, un tercer puesto informal es colocado abarcando más de la mitad del paso vehicular.


La invasión del comercio informal pone en riesgo al comerciante, peatón y automovilista, pues al ser una vuelta continua la angostura de la vía falicitaría un accidente.


Se les aparece el diablo


En la segunda calle de Flores Magón, un hombre remolca un “diablito”, encima una bolsa de almacenaje, su acompañante toma un banco y una sombrilla, ambos se colocan frente a la fachada de un negocio, abren la bolsa, en el interior hay blusas bordadas y rebozos que apilan para mostrarlas.


Entonces el espacio para el peatón se reduce, un metro adelante de ese puesto recién colocado una mujer ofrece rayadores, al mismo tiempo que garantiza la efectividad del producto con una muestra en zanahoria cortadas finamente.


A su lado, otra mujer ofrece coladores de diferentes tamaños; enseguida un hombre con pomada en mano oferta la efectividad del producto para el dolor hecha a base de mariguana. Estas personas ocupan la banqueta que colinda con la vía de circulación exponiéndose al arroyo vehicular.


Mercado en la vía pública


La calle de Aldama se redujo a un carril ante la colocación de estructuras de madera que albergan a los desplazados artesanos del mercado Plaza Aldama, en la banqueta de enfrente están colocados comerciantes de venta de frutas y verduras; esto obliga al peatón a caminar sobre la carretera o a media banqueta.


El espacio es reducido aún más por botes, cajas de plástico o madera que colocan los mismos comerciantes pues el espacio donde están instalados no da para almacenar sus pertenencias.


Sin lugares para estacionar


En la zona se puede apreciar cómo un automovilista transita dos o tres veces por la misma calle, buscando un lugar para aparcar, pero en calles acaparadas por comerciantes es difícil hallar un espacio.


Los pocos lugares que quedan están ocupados por los vehículos de los mismos ambulantes, incluso los utilizan para apartar estos lugares para otros comerciantes.


Sí en el mejor de los casos se tiene acceso a un lugar, los mismos comerciantes se encargan de solicitar que se retire con el pretexto de que está apartado para instalar un puesto, ninguna autoridad respalda al automovilista y mucho menos al peatón.


Violación, hasta del comecio formal


Incluso un local comercial establecido dedicado a la venta de licor ocupó la zona de estacionamiento público para colocar una botella inflable a expensas de la autoridad municipal.


En la esquina de Bustamante y Rayón hace algunos meses la calle fue marcada para evitar que los automovilistas se estacionen, ya que al ser una vía con vuelta continua, podría generar un accidente.


Actualmente en esta zona, se instaló un puesto de comida, rodeada de personas que se sientan en pequeños bancos; nadie percibe el peligro de ser atropellados por un vehículo al momento de girar a la derecha.


Casi todas las calles aledañas al zócalo están ocupadas por ambulantes, muchos de reciente instalación ante el cambio de administrador municipal.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.