María Dolores Juárez camina con una cruz sobre la espalda. Es su tercera peregrinación a pie para agradecer a la Virgen de Juquila que le cumpliera el milagro solicitado.
Un par de palos la ayudan a descender de las trancas al río Ladrón, porque sus piernas están cansadas. En una mochila carga una botella con dos litros de agua y usa gorra para protegerse del sol.
Su felicidad contagia a sus compañeros de caminata, aunque siempre llevará un inmenso pesar por la pérdida de su hija.
Fidel y María Dolores rumbo a Juquila.
“Tuve una hija en el 2000, pero falleció a los tres días de nacida. Fue terrible, muy doloroso que solamente una madre entiende”, relata mientras avanza por el estrecho camino.
Es cosa del pasado, ataja, porque le pedí a la Virgen que me diera la oportunidad de volver a ser madre.
Con su esposo, Élfego Aguirre, procrearon hace diez años a José Miguel, quien caminará de El Pedimento a Juquila.
Toma un poco de agua, respira, descansa. “José Miguel es pedido, y le prometí a la Virgen que a los diez años mi hijo caminaría a su santuario, y es momento de pagar”.
Es su tercer año de peregrinar y asegura que mientras Fidel (organizador de la caminata) le tenga paciencia, vendrá cada año.
Fidel es taxista, amante del futbol y asiduo caminante a Juquila. Viste playera de la selección de Brasil.
María Dolores comenzó la caminata en la madrugada, como la mayoría de los peregrinos que recorren el camino de la fe.
La hermosa cascada. Una probadita del edén.
Del Ojito de Agua a Yolotepec
Suena la alarma y los peregrinos se preparan. Caminan un par de kilómetros para salir a la carretera. Un cielo lleno de estrellas los acompaña. David Zaragoza alerta de una estrella fugaz. “Es de buena suerte”, dice. Su hermano Rodrigo avista otra.
Caminan sobre la carpeta asfáltica y, con sus lámparas, alertan a los conductores. Es peligroso, pero la Virgen los protege. Son poco más de diez kilómetros para llegar a la vereda.
Uno a uno baja entre las piedras. Ahí se encuentran con feligreses (que salieron de Santa Lucía del Camino dos días atrás), una peregrinación que encabezan Walberto Cruz y Moisés Velasco.
Posan para la cámara de NOTICIAS y continúan su aventura.
Peregrinos de Santa Lucía del Camino.
Jorge Mayoral y Víctor Aquino marcan el paso. Cruzan el río por una tabla y suben por un sendero enyerbado. Atrás, Octavio Murcio los sigue de cerca.
La primera luz del día deja al descubierto la Piedra de los Compadres, una gran roca que muestra el camino.
Luego de cuatro horas de caminata entre el monte, los peregrinos llegan a la carretera para dirigirse a Juchatengo.
Un mapache muerto a orilla de carretera, y decenas de pericos vuelan sobre el río que lleva a Juchatengo.
Ahí, Gabriela García y su esposo Raymundo Camerino descansan y se alistan para continuar su recorrido.
Con pilas recargadas y un bote con agua, los peregrinos inician su ascenso a Plan de Minas.
La actividad comienza en la madrugada.
A jurar para no tomar
Cruzan el río varias veces y suben por unas escaleras naturales, donde se encuentran con Roberto Tamayo, quien tiene un puesto de frutas y verduras en el mercado de La Merced.
Camina solo. En su mochila lleva su sleeping, ropa interior y unas playeras; unas tortillas, tasajo y un bote con agua. Se cubre del sol con un sombrero de palma.
El ascenso es difícil, pero su paso es constante.
Agitado, Roberto se sincera: “Voy a jurar. No probaré gota de alcohol por cuatro años, porque se aproximan los quince años de mi hija”.
Me va a costar trabajo –continúa— porque me gusta un chingo echar trago.
En sus trece años de caminar para visitar el santuario, es la primera vez que pedirá ayuda a la Virgen, pues en las demás solamente agradecía que le diera salud.
El sol y los kilómetros recorridos merman el paso de algunos peregrinos, pero no su deseo por llegar a Juquila.
El río se pierde en el cañón. A lo lejos, los motores de los vehículos y una motosierra entre los árboles.
Tras horas de ascenso, los viajeros descansan en Plan de Minas, donde Abraham los atiende y bromea con ellos. Cada año, Abraham ayuda a sus papás en la venta de jugos, aguas, refrescos y cervezas. Algunos lo conocen bien.
Roberto Tamayo tiene una promesa por cumplir.
Baño que sabe a gloria
A mitad del camino, en el tercer día de la peregrinación, pasan el cerro de las Brujas e inician el descenso al río Ladrón, en donde toman un refrescante chapuzón.
El agua está fría, pero ayuda a calmar el dolor muscular. Las piedras tienen leyendas de fe y otras tienen grafiteadas imágenes de la Virgen de Guadalupe.
El ascenso a Yolotepec es sobre un camino entre dos alambradas. Nadie se pierde.
Jorge Mayoral pide: “Nos vamos a paso tranquilo”, pero cuando toma ritmo, no se le ve ni el polvo.
Arañas que tienden su red en espera de insectos acompañan gran parte del camino, pero lo más espectacular son las cascadas y miradores naturales.
Al llegar a Yolotepec, niños piden monedas o alimento, aunque se nota que es un pueblo en desarrollo, porque varias casas están en construcción.
Es un pueblo donde los peregrinos se encuentran, unos descansan para continuar su camino y otros ahí pernoctan.
Los aventureros dormirán en el corredor del palacio o en casas que los lugareños alquilan por 50 pesos.
María Dolores se encuentra con su esposo Élfego y su hijo José Miguel. Una fotografía es testigo de su fe.
David Zaragoza rumbo a Juchatengo.
Dos cerros que prueban la fe
Del Ojito de Agua a Yoloyepec, el camino es en senderos, entre ríos y parte de la carretera Oaxaca-Puerto Escondido.
Son dos cerros (Plan de Minas y Yolotepec) con subidas demandantes y descensos vertiginosos que ponen a prueba la fe.
Los árboles menguan los rayos del sol, pero aun así lastiman, sobre todo cuando caminan al mediodía sobre el pavimento caliente.
Caminar con el arrullo de los ríos, es música para los oídos.
Un masaje para aminorar el dolor.
HIDRATACIÓN
4
Litros de agua, en promedio, ingieren los peregrinos durante las 14 horas de caminata
PRECIO DE ORO
40
Pesos, un refresco de 200 mililitros
20
Pesos, una cerveza de lata
25
Pesos, una botella de agua de 250 mililitros
5
Pesos, una mandarina
