Frente a la imagen de la Madre de Dios--la Virgen María de Guadalupe--que emerge diáfana en la parte central del altar mayor del santuario de Guadalupe, en el costado norte del Paseo Juárez El Llano, Irinea Jarquín, de baja estatura y de piel blanca, no pierde el contacto con la mirada tierna, angelical y divina de la milagrosa del Tepeyac.
Apenas imperceptibles, sus súplicas de ayuda divina no cesan, mientras de pie sostiene en brazos a su pequeña Lizbeth, un ángel que, según su madre, tiene tres años de edad, pero su peso corresponde a una niña de siete meses.
La pequeña con discapacidad, más que profundamente dormida, está vencida por el cansancio y el calor que produce la multitud congregada en la Basílica de Guadalupe.
La foto del recuerdo.
Irinea, como muchas madres más, implora con los ojos llorosos ante la madre de Dios, una mejor salud para su pequeña Lizbeth, nombre de origen bíblico que quiere decir "la que ama a Dios".
Ya son más de las 12:30 horas, y el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Antequera Oaxaca, Gonzalo Alonso Calzada Guerrero, celebra la presencia de cientos de "Juan Diegos" en los hombros y brazos de sus padres. "Veo que hay alegría, gozo y amor en el corazón de todos ustedes", dice al referirse a las madres y padres de los pequeños.
No obstante el regocijo de los católicos presentes, admite: A 485 años de la aparición milagrosa de la Virgen de Guadalupe, la patrona de los mexicanos, "los católicos nos hemos quedado cortos, porque a casi cinco siglos de ese regalo de Dios, aun no logramos vivir como verdaderos hermanos".
Al recordar el 485 aniversario del acontecimiento guadalupano, el ministro de la Iglesia Católica, destacó " la disposición de Dios, a través de la Virgen de Guadalupe, ayudarnos para avanzar en nuestros anhelos de justicia, reconciliación y paz".
En la basílica de Guadalupe, y ante miles de fieles católicos, monseñor Alonso convoca a los feligreses de Oaxaca, "a unirnos en oración para que nuestra Nación y todos los pueblos de América Latina, vivamos una paz verdadera y estable, libre de egoísmos".
Feligreses llegados desde todos los rincones de Oaxaca.
Llama a los católicos "abrir sus corazones al amor de Dios, y actuar con buenas obras. Honremos con ello a Jesús, el Salvador que que recibió crueles dolores en la Cruz".
Ante cientos de niños, con la indumentaria que usara Juan Diego durante la aparición de la imagen del Tepeyac, monseñor Calzada Guerrero, señala que "el hecho de que la Madre Santísima, haya decidido quedarse en México y no en alguna de las demás naciones, no es obra de la casualidad, sino un regalo de Dios".
"Desde que aceptó ser la madre del Salvador, nuestra Virgen María de Guadalupe, es signo de que Dios no nos olvida".
En su aparición, la Virgen de Guadalupe, pidió que se le construyera una casa, pero más que ello, "lo que ella buscaba y sigue buscando es que nosotros, sus hijos, construyamos y vivamos en un ambiente de respeto y fraternidad".
La celebración eucarística concluye con la "bendición de rosas", una tradición muy antigua. Mujeres, hombres y niños, acercan sus ramilletes de rosas multicolores para alcanzar el rociado de agua bendita. Al contacto con el agua se persignan y silenciosos se retiran del templo.
Afuera, en un extremo del Paseo Juárez El Llano, muy cerca del recinto de oración y templo erigido en honor a la "Patrona de los mexicanos", con todo el peligro que significa el uso de tanques de gas y quema de carbón, los expendedores de fritangas: molotes, tostadas con asiento, memelas, chalupas, refrescos de cola y otras golosinas, ricas de grasas y azúcar y que favorecen la obesidad y la diabetes, hacen su "agosto" con cargo a la salud de golosos comensales.
Las imágenes de la virgen de Guadalupe y del indio Juan Diego.
EL DATO
Patrona de América
La Virgen de Guadalupe fue proclamada como ‘Patrona de América Latina’ por el papa Pio X; mientras que Juan Pablo II la llamó ‘La misionera celeste del nuevo mundo’.
La Virgen de Guadalupe también tiene el apelativo de ‘Emperatriz de las Américas’ y la ‘Madre de las Américas’.
Fervor guadalupano
64% de los adultos de México confiesen que sienten una gran devoción por la virgen
76% dice haber visitado alguna vez el santuario del Tepeyaca
43% duda de la existencia de Juan Diego
57% dice que Juan Diego existió
59% tiene un familiar llamado Guadalupe
