Patricia González
En Shajarit, Gloria Gervitz nos presenta un espacio de versos que se mueven en varias temporalidades y se concentran líricamente desde lugares que cuidadosamente, la autora, ha descubierto y explorado. Fue publicado por primera vez en 1979 y continuó modificándose hasta alcanzar su versión final en el año 2020. Shajarit es también el primer apartado de lo que se convertirá en Migraciones, poema de largo aliento que Gervitz comenzó a escribir a los 26 años, y le tomaría toda su vida.
Shajarit es el encuentro entre una voz que canta y “la otra voz”, en este caso, la voz de las figuras femeninas que fueron parte de la vida de la autora, quien, a lo largo de 40 años, construyó dentro de la lírica los caminos emprendidos por estas figuras: la abuela paterna, la madre y un amante que pareciera ser ella misma. Gervitz examina esa memoria histórica que se convierte en uno de los motores para su discurso poético. Tales relaciones dan como resultado un gran enlace entre la memoria y el deseo que expone lo profunda que es su herida; la manera en cómo ésta se construye y, al construirse, se rescata de ella misma y de aquellas figuras femeninas a quienes les tenía un gran afecto. De ahí los seres migrantes que la habitan.
A lo largo de este primer encuentro, en lo que después conformará Migraciones, se percibe una transformación que se va desarrollando dentro del paisaje, la historia y el tiempo. Se repasa una vida y se reconstruye a las protagonistas por medio de un nuevo diálogo que es también una reflexión sobre el silencio. Shajarit redime la sombra sacra de la feminidad, la reproduce y le da el papel protagónico en un entorno en el que la mujer ha sido ostentosamente marginal.
Dentro del judaísmo la palabra Shajarit proviene del hebreo shajar y significa amanecer. Shajarit es una plegaria matutina en donde se agradece por el sueño y el despertar, por encontrarse con el mundo, por lo que mantiene saludable al cuerpo y a la mente. Gervitz utiliza estos elementos; además de la presencia de lo corpóreo, el mundo material, la costumbre, la dedicación a actividades cotidianas, la escucha y la devoción a dios como destino; moldeándolos y transformándolos en «yoes» que dan fruto a voces con la misma fuerza y resonancia dentro del mundo que ella se ha inventado. Nos dice «Prefiero seguir aferrada a lo que invento y no entender lo que sí existe». Se puede ver también que esas temporalidades que habita la llevan a navegar entre estaciones del año donde se siente un deterioro y quiebre del tiempo, que no es más que su propia monotonía.
Shajarit sienta las bases para todo lo que pasará más tarde en Migraciones, estipula la memoria y el deseo como coordenadas del cruce entre lo propio y lo ajeno. Hay una voz que sale de la nada, hay forma en el silencio del día, donde no se sabe hablar, se habita. Paradójicamente de este no saber surge la escritura en Gloria Gervitz; al abrirse en la vigilancia y la espera, abrió paso a esas voces expresivas que se proyectan, se fracturan en la luz, en el tiempo y en el sexo.
Shajarit, de Gloria Gervitz, será reeditado este año por Cuatro triángulos, laboratorio editorial, y pronto verá, de nuevo, la luz.
Gloria Gervitz (Ciudad de México 1943-2022) poeta y traductora, descendiente de origen Judío-askenazi, de Polonia. Se graduó en Historia del Arte. Tradujo al español obras de Anna Akhmatova, Lorine Niedecker Marguerite Yourcenar, Samuel Beckett y Clarice Lispector.
