En una noche vibrante y llena de tensión en la Perla Tapatía, la Selección Mexicana sacó la casta, el orgullo y los tres puntos. En la cancha de un pletórico Estadio Guadalajara, el Tricolor venció 1-0 a una aguerrida Corea del Sur, en la segunda jornada del Grupo A de esta Copa del Mundo de la FIFA 2026.
Fue un partido de esos que te dejan al borde del asiento, de los que te comen las uñas y te aceleran el pulso a tope.
Los Tigres de Oriente, fieles a su estilo asiático, propusieron un juego dinámico, rápido y asfixiante, complicando la salida de la zaga mexicana durante toda la primera mitad.
Sin embargo, en este ajedrez táctico, apareció la pieza que rompió el cerrojo: Luis Romo.Corría el minuto 63, cuando la desesperación empezaba a asomarse en la tribuna, apareció el mediocampista para prender la redonda. ¡Un fierrazo espectacular! El balón besó las redes y desató la locura de los miles de aficionados que hicieron retumbar el inmueble tapatío. Romo no sólo fue el autor del grito sagrado, sino que se fajó en el mediocampo, convirtiéndose en la aduana de recuperación que tanto necesitaba el equipo mexicano.
MINUTOS DE INFARTO
En el futbol, el que perdona casi siempre lo paga. México tuvo oportunidades en el contragolpe para matar el partido, pero le faltó tiza en el último toque. Al no liquidarlo, los últimos quince minutos y el tiempo de compensación se convirtieron en un asedio total de los surcoreanos.
Los centros llovían al área tricolor y el fantasma del empate merodeaba el césped.Y ahí, justo en el abismo, surgió la figura inmensa y gigantesca del Tala Rangel.
¡Qué actuación, qué barbaridad la del cancerbero mexicano!
En los minutos finales, Rangel sacó una pelota que ya se cantaba como gol en Seúl, en un remate a bocajarro en el área chica, que nos hizo tragar saliva a todos.
LA RADIOGRAFÍA DEL SENTIMIENTO
Para entender por qué se sufrió tanto, hay que mirar los números. Fue un partido donde México tuvo que aprender a jugar sin la pelota en tramos muy largos del segundo tiempo, apostando por la solidez defensiva y los reflejos de su arquero.
Con esta victoria fundamental, la escuadra nacional llega a la tercera jornada con la calificación a los dieciseisavos de final. Se ganó, se sufrió, y aunque hay circuitos por ajustar, fue noche de fiesta en Guadalajara.
