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Víctima de secuestro virtual narra su infierno

Foto(s): Cortesía
Redacción

Mazatlán, Sinaloa.-  “Si no haces exactamente lo que te digo, van a entrar, van a ahorcar a tus hijos, los van a destazar delante de ti, a menos  de que tu hagas lo que yo te estoy diciendo ahorita”, fueron las primeras palabras de un delincuente que por vía telefónica convirtió la vida de dos mujeres, una de ellas menor, en un infierno.


La historia parece sacada del guión de una película plagada de miedo y angustia.


INICIA EL ATAQUE SICOLÓGICO.


Arcelia Marlén N, de 24 años, estaba en su casa cuando la llamada de un extraño hizo sonar su celular.


De inmediato, la voz masculina al otro lado de la línea se tornó amenazante. Le describió a la joven madre su vida familiar y hasta le recitó los nombres de sus hijos Jordan N, de 8 años; Michael N, de 6, y la pequeña Kali N, de tan solo 6 meses.


Una vez enganchada por las palabras del extorsionador y bajo la amenaza de enviar a un grupo de gatilleros a robarle a sus hijos y hacerles daño físico, la joven se sintió atrapada y no tuvo  más opción que seguir las instrucciones del delincuente.


El primer mandato fue no colgar y dirigirse al centro de Escuinapa.


En el camino,  se encontró con su mamá y a señas le hizo entender que la amenazaban por el teléfono.


Luego le ordenaron retirar 2 mil pesos, que el mismo delincuente le había depositado a su nombre, para comprar un celular nuevo, además de boletos de autobús para Hermosillo.


Sin colgar en ningún momento, el delincuente la hizo llegar hasta Nacozari de García, en Sonora.


EL CONTACTO CON UNA CÓMPLICE.


La voz del delincuente le ordenó caminar hasta la plazuela  cerca de Nacozari.


Ahí se encontraría con una joven de 16 años, de nombre Paulina.


La instrucción era que no hablara con ella, que acudiera al Oxxo más cercano y sacara otra cantidad de dinero, pagara el taxi y echara gasolina a una Cherokee blanca para manejar hasta Agua Prieta.


En esa ciudad retiró otra cantidad en la misma cadena de autoservicio para pagar el hospedaje en un hotel. No debían cruzar palabra alguna.


Una vez juntas ambas mujeres y los niños, el delincuente le dijo a Arcelia: “Ella no es tu amiga, tampoco es tu enemiga, pero no quiero que por nada del mundo le pierdas la pista.


"Tú eres su sombra, con tu vida me respondes si ella se va o hacen una tontera”.  


Después de las 48 horas en el hotel de Agua Prieta, el extorsionador le ordenó a Arcelia dejar la camioneta cerca de la central camioneta y comprar boletos para Cananea.


“Ya estando en Cananea me dijo él -el delincuente- que ya solo me faltaban dos días para regresar a mi casa, que yo estaba haciendo las cosas bien.”


En Cananea, la mujer, sus hijos y la adolescente se hospedaron en la habitación 101 del hotel Alameda.


Pegada al celular por días, el delincuente le ordenó la acción a seguir.


“Me dijo que tenía que grabar a la muchacha amarrada, pidiéndole a sus papás  que hicieran lo que ellos dijeran.


Le contesté que no, que no podía hacer eso y me respondió, ‘bueno, tienes cinco minutos para pensarlo o van entrar unos hombres y se van a llevar a tus hijos’, y accedí.”


La joven madre entre lágrimas continuó su relato: “Pidió  hablar con ella -con Paulina-.
No sé qué le dijo y empezó a llorar mucho y me dijo ‘grábame’”.


SE REVELA LA VERDAD.


Después, Arcelia y la joven descubrieron que ambas eran víctimas de la misma banda de extorsionadores.


“Le di agua, la grabé y empezó a decir su nombre, su dirección y pidió a sus papás que hicieran lo que los delincuentes quisieran. Mandé el video a donde ellos me dijeron. Después de eso ella lloró mucho, se lavó la cara  y se acostó.”


Recordó que dos días después, el delincuente seguía hablándole por teléfono, le ordenó irse a descansar y le pasó el celular a la joven. Ya en la madrugada alguien tocó la puerta de la habitación.


Para su fortuna, eran agentes ministeriales de Sinaloa y Sonora que le habían seguido la pista a las dos víctimas.


Las autoridades aseguran que gracias  a la denuncia, ninguna de las dos familias pagó rescate, pero no se pudo evitar el infierno que todos vivieron.

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