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Sin justicia climática, no hay justicia social

Toda inacción, nos vuelve cómplices, a todas y todos, de la devastación de todas las especies.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Ornela De Gasperín Quintero

La humanidad sufre la más grave catástrofe global que ha enfrentado desde sus orígenes: varios sistemas climáticos que rigen al planeta están al borde del colapso. 

Este quiebre del medio ambiente amenaza la vida de miles de millones de personas en el mundo, cuyos lugares de origen se vuelven inhabitables de manera progresiva. Actualmente, más de 20 millones de personas son desplazadas debido a los efectos de la crisis climática. Según los últimos reportes científicos, la escala de migraciones humanas que está por venir no tendrá precedentes históricos, si no hay cambios globales de raíz.

Gran parte de esta catástrofe es irreversible, pero estamos a tiempo, y tenemos la obligación, de frenar su avance y de prepararnos para enfrentar sus consecuencias. Toda inacción, nos vuelve cómplices, a todas y todos, de la devastación de todas las especies. 

Mientras los países más desarrollados han causado el 92% de las emisiones nocivas mundiales, la mayoría de las personas afectadas por la catástrofe climática nacional e internacional está concentrada en los países subdesarrollados, y no ha contribuido en nada a generarla. 

En México, el 10% más adinerado acapara el 78.7% de la riqueza, mientras que el 50% más pobre vive endeudado. La clase multimillonaria mundial, por sí sola, emite suficientes gases de efecto invernadero como para cruzar los límites climáticos seguros.

Desde hace décadas, la ciencia ha propuesto acciones puntuales para limitar el avance del cambio climático y atenuar sus efectos. Pero, para llevarlas a cabo, siempre faltó la voluntad política de los dirigentes y sobró la ambición desmedida del capital depredador. 

Para atacar la crisis climática, se requieren cambios estructurales que modifiquen el funcionamiento de nuestras sociedades, a partir de una profunda transformación de los sistemas económicos y políticos imperantes. 

Esta transformación implica fijar límites sólidos al consumo desmedido y estilos perniciosos de la élite social; inversión masiva y constante en transporte público, no contaminante y gratuito; redistribución de la riqueza e implementación de fuentes de energía renovables, entre otras medidas imprescindibles para  contener esta catástrofe. 

Estos cambios revolucionarios en nuestras sociedades, deben ser impulsados y controlados por toda la población, ya que sus efectos serán en beneficio de las grandes mayorías. 

La acción transformadora debe ser universal, por lo que se requiere de unidad de concepción, acción y cooperación solidaria internacional, que garantice la justicia social como barrera ante el cambio climático.

Todas las personas tenemos la obligación moral de actuar para prevenir que los dirigentes políticos y empresariales nos sigan conduciendo a la debacle de la civilización.

Todas las personas tenemos derecho a vivir una vida digna.
Aliémonos todas y todos: operemos el cambio político y paremos el cambio climático.

Te invitamos a ser parte de Rebelión Científica México, para luchar en conjunto por un futuro digno de todos los seres que habitamos el planeta. 

Puntos de quiebre y cambio climático

La ciencia ha identificado más de diez grandes sistemas climáticos que están cercanos a puntos de quiebre irreversibles, estando todos ellos interrelacionados: cruzar un punto de quiebre aumenta la probabilidad de cruzar otros. De ser cruzados, la configuración del planeta cambiaría hasta ser casi irreconocible y vastas áreas, habitadas hoy en día, quedarían inhabitables: los niveles del mar subirían más de 10 m, áreas cercanas al ecuador tendrían niveles de calor y humedad incompatibles con la vida humana, la frecuencia e intensidad de eventos extremos aumentaría drásticamente. 

Sequías, inundaciones, incendios, huracanes cada vez más frecuentes, más duraderos y afectando mayores áreas. Cada fracción de grado importa: mientras más tiempo pasemos con temperaturas más altas, mayor es la probabilidad de iniciar una cascada de procesos irreversibles que nos lleven a escenarios devastadores.

No hay justicia climática sin justicia social.

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