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Quinta columna originaria

Una ilustración conceptual sobre el populismo, representado como una 'quinta columna' que socava la democracia y la unidad social desde dentro.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Gerardo Garfias Ruiz / Colaborador                 

El pilar ideológico del nacionalismo revolucionario como expresión local del populismo nacionalista internacional y sostén de la consolidación del grupo triunfador del movimiento de 1910, ha tenido en nuestro país tres momentos de prevalencia y auge en que la clase predominante lo ha usado en espacios variados que van desde el arte con  el muralismo como expresión prevalente, la indumentaria con una especie de reivindicación e imagen de la vestimenta tradicional en que al igual que los primeros billetes de la época post revolucionaria la “tehuana” y ciertas interpretaciones de las tradiciones del istmo alcanzan la sacralización en filmes como la zandunga o Tizoc en que también se “naturaliza” una forma de expresión que caricaturiza a los indígenas del presente. Con un segundo momento en los setenta del siglo pasado ubicable en el Echeverriato, además de estas expresiones reivindicadas hasta el extremo kitsch, se crean instituciones de gobierno para el apoyo de aspectos importantes de los pueblos y comunidades como el apoyo a la producción artesanal con el FONART y del café con el INMECAFE entre otras acciones y la oficialización de vestir simulando apego a lo que los gobernantes en turno y sus intelectuales orgánicos interpretan como originario en la guayabera y los trajes de las mujeres indígenas en que nuevamente y con mayor fuerza la vestimenta tradicional de las oaxaqueñas cobran auge y demanda sobre todo entre la alta burocracia y sus familiares.

Estas características e ideología cobran vigencia y auge en el actual régimen llegando el caso para nuestro solar en que por oficio la dependencia de gobierno que tiene que ver con el personal mandó que los miércoles todo aquel trabajador de base o de confianza tenían que disfrazarse de “hermosa república mexicana” que ante el contexto actual contestatario de casi cualquier sector de la sociedad, tuvieron que recular aunque para la parte de la burocracia considerada como funcionarios a partir de jefes de departamento esté vigente como una práctica a valores entendidos. Las acciones, los programas emblemáticos de la actual administración federal y local, el transporte público, los medios de comunicación de gobierno, la programación musical, la auto complacencia de decir que se es parte de algún pueblo originario son distintivos y claves de acceso obligatorios para todo funcionario de alto pedorraje así como de sus adláteres y hasta de alguno que otro inversionista favorecido o que pretende lograr algún contrato de los que imperan sin convocatoria pública y son por adjudicación directa. 

Dentro de esta moda y sostén ideológico a pesar que tuvo su origen en los setenta del siglo pasado sin que hubiera sido aceptado del todo, como parte de los “logros” de la clase emergente en el poder actual, personas surgidas de los pueblos y comunidades originarias que ocupan alguna posición preponderante en cualquiera de los tres poderes se dan vuelo al hacer uso de la tribuna, de la palabra o de alguna intervención en eventos de gobierno expresándose en su lengua materna, dialecto dicen en su ignorancia colonialista y supina los mestizos  comunes y silvestres y en especial los fifís, sin que aparte de ellos alguien de sus escuchas sepan lo que están diciendo. Así tenemos como en los viejos y retrógrados programas y festivales escolares, como primer número pieza de música en que el maistro de ceremonia haciendo gala de su idioma presenta a quien también casi siempre en zapoteco del istmo interpreta una de la conocidas y bastante usadas melodías de esta región de Oaxaca que pareciera que fue algo que contó como currículo para que el funcionario del trapecio político ocupe hoy su tercera titularidad en menos de tres años.

Desde el cargo de mayor rango constitucional de uno de los tres poderes de la república y después de un trapazo en que la teoría chafa del pastel de la inefable Martha Harnecker en su ya hecha acción real de los neo marxianos cobra vida porque una mujer estudiada en una de la instituciones educativas de la burguesía nacional le limpia a su decir la nata sin ser albur lácteo que le derramó a su excelencia para enseguida pronunciar unas palabras en su lengua en la supuesta reivindicación de voltear el pastel de acuerdo al libelo en que parte de la actual alta burocracia abrevó de eso que llaman izquierda. Al igual que cada vez crece la animadversión del electorado y de la población en general interpretando que “la izquierda” tampoco satisface sus demandas y requerimientos, anuncia un revés al menos de la mayoría ilegal de la que ahora gozan en las elecciones del 27, también estos proceres originarios se han convertido en los mejores propagandistas de la animadversión clasista y discriminatoria que campea en el resto de la sociedad con aquel dicho transformado ahora que “indio que fuma puro, traidor seguro”     

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