Por Lázaro Peña V., Pbro.
Domingo II de Cuaresma, 1 de marzo de 2026, Morado. MR p. 208 [220] / Lecc. I p. 57. Se omiten San David de Cambria o de Gales, Obispo. Otros Santos: Inés Cao Kuiying, catequista mártir laica; Rosendo o Rudesindo de Dumio, abad y obispo benedictino. Gén 12, 1-4; 2Tim 1, 8-10; Mt 17, 1-9.
En la primera lectura, el Señor le dice a Abram: "Deja tu país, a tu parentela y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te mostraré". Y, al obedecer y salir, rompe con los lazos que lo unían a un pueblo idólatra, politeísta, que con su vida rechazaba al único y verdadero Dios; un pueblo que seguía anclado a la concupiscencia del pecado original. Por eso Dios llama a Abram para dar comienzo a un nuevo pueblo, para que vuelva a su primitiva creación, es decir, para que vuelva a Dios; y juntamente con él, Abram conduzca a la nueva humanidad por los caminos de salvación. Este pasaje contiene la promesa patriarcal, que consiste en descendencia, tierra y bendición. Y por eso nos dice este pasaje: "en ti serán bendecidos todos los pueblos de la Tierra". Nosotros, (tú y yo), ¿seremos capaces de desinstalarnos de esa vida que llevamos, alejada de Dios? ¿seremos capaces de dejar de hacer lo que la serpiente del paraíso nos ofrece? ¿seguiremos escondidos y huyendo del Dios bueno y misericordioso?
En la segunda lectura, Timoteo había recibido la imposición de manos que la asamblea de los presbíteros había realizado (1Tim 4, 14); esta imposición de manos es un don de fortaleza, de amor y de dominio propio. Por eso, un cristiano consagrado (incluso, todo bautizado), debe ser un cristiano fuerte que da la batalla en Nombre de Dios a todo aquello que nos quiere apartar de Él y destruir al hermano. Por eso Pablo dice a Timoteo: no te avergüences de Nuestro Señor Jesucristo, y de mí, que estoy en la cárcel. Recordemos que el hecho de anunciar a Cristo Salvador, en esos tiempos, no era ningún pan comido, pues iban de por medio los tormentos, la persecución y la muerte; y hoy tampoco es fácil, viene a mi mente la Ordenación Sacerdotal, cuando el Obispo y los Sacerdotes concelebrantes le imponen las manos al Nuevo Ordenado, para darle fortaleza, para que resista la lucha diaria y para que dé testimonio de Cristo Resucitado. Pero cada bautizado también recibe la fortaleza en dicho Sacramento, al ser ungido con el óleo de los catecúmenos, que se le impone durante el rito bautismal, el catecúmeno es "tocado por Cristo y por su Santo Espíritu". Por eso, hermanos bautizados, oren por sus Sacerdotes y por ustedes mismos, para que el don que recibimos se renueve cada día en nuestro corazón.
El Evangelio nos narra la Transfiguración (del griego metamorphosis: aparición de un ser en forma distinta de la propia), ahí Dios quiso descorrer el velo tras el cual se esconde el misterio de Jesús; y esta Transfiguración, que también fue otra Epifanía, seguramente sirvió para dar fortaleza a los discípulos que estaban por enfrentarse a momentos críticos de lucha y de persecución; Pedro, Santiago y Juan, fueron los elegidos para presenciar la ciudad excelsa que Dios está preparando para sus hijos; así, tomaron fortaleza para, a su vez, fortalecer a sus hermanos y a todo aquel que crea en Cristo Resucitado. Si nosotros los católicos no estamos convencidos de que Jesucristo resucitó, si no estamos seguros de que está vivo y glorioso en la Casa del Padre, en la que nos reservó una habitación para cada uno de nosotros, si no tenemos la certeza de que Jesús está intercediendo por nosotros, si no estamos fielmente convencidos de todo esto, no podremos dar testimonio, seremos sólo cristianos "calienta bancas" (si es que vamos a Misa) o simplemente cristianos por conveniencia, no por convicción.
"Tres palabras para recordar y meditar esta semana"
ABRAM O ABRAHAM: Dios cambió su nombre de Abram, del Hebreo "abrām" (padre excelso); por el de Abraham (Gn 17, 5 y Nem 9, 7), que proviene del Hebreo "abrāhām" y significa "Padre de multitud de naciones" o "Padre de muchedumbre de gentes"; el cambio de nombre obedeció a su nuevo ministerio e identidad. Abraham es nuestro Padre en la fe, a través de él han sido bendecidas todas las naciones de la Tierra (Gén 18, 18); su llamamiento dio comienzo a la historia del Pueblo elegido por Dios, al cual condujo por el camino de la fe verdadera, intercediendo por sus hermanos (Gén 18, 23-33).
MOISÉS: (Salvado de las aguas). Descendiente de la tribu de Leví, fue el israelita que, criado como nieto del Faraón, liberó a su pueblo hebreo de la esclavitud a la que lo habían sometido en Egipto. Dios lo eligió y le dio la capacidad de obrar muchos prodigios, entre ellos, partir en dos el Mar Rojo, para que el pueblo de Israel pudiera huir de Egipto; Moisés también guió al pueblo durante 40 años en el desierto, hacia la Tierra Prometida; intercedía por ellos ante Dios para que los alimentara y les perdonara sus múltiples fallas; Dios le dio en el Monte Sinaí los Diez Mandamientos (las Tablas de la Ley). Moisés dio al pueblo leyes sumamente sabias, que fueron después muy útiles para conservar al pueblo en las buenas costumbres y en la fe verdadera; por esto, aparece en la Trasfiguración representando a una gran parte del Antiguo Testamento: "La Ley".
ELÍAS: (Yahvé es Dios). Fue el profeta que, con grandes prodigios que Dios obraba por medio suyo, salvó la religión de Yavé, defendiéndola ante el Rey Ajab y su esposa Izebel, quienes favorecían la adoración de Baal. Elías no murió, fue arrebatado hacia el Cielo (2Re 2, 11); y aparece también junto Moisés, en la Trasfiguración de Jesús, por representar a la otra gran parte del Antiguo Testamento: Los profetas.
LÁZARO PEÑA V., PBRO.
