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Lecturas para la vida: Fidelidad a toda prueba

SEGUNDA 2
Foto(s): Cortesía
Redacción

Rafael Alfonso

 

Cuando se cuestiona la facultad del hombre en tanto macho de la especie humana, de ser fiel, solemos poner un ejemplo incontestable, la fidelidad que profesa a su equipo de futbol. Pareciera que no hay hombre en esta vida que no tenga un equipo de sus amores al cual cantarle voz en cuello: "Cómo no te voy a querer"... y por el cual despanzurrarse con otro cristiano, si la ocasión lo amerita.

Ya Freud en "Psicología de las masas", describe los fenómenos psíquicos irracionales que atraviesan a los colectivos humanos cuando se exaltan. Bueno, el hecho es que no parece haber hombre que se respete, que no muestre fidelidad a toda prueba para su equipo de futbol, a veces aunque dicha filiación contravenga la elemental lógica.

Es más probable que el hombre cambie de pareja, o hasta de sexo, antes que cambiar a su equipo por otro.

Por dar un ejemplo, mi equipo es el Atlante. Me aficioné al glorioso Potro de hierro desde la final ante los Tigres, que por cierto perdió y de ahí pa'l real, triunfos y sinsabores, un par de campeonatos y finalmente el descenso.

En la llamada Primera A, mi equipo se cansa de salir campeón sin posibilidad de ascender a la primera división. Esta es una de las formas en que el mundo da muestras de lo injusto que es, pero ¿cambiar de equipo? ¡jamás!, ni porque tenga mejores jugadores, juegue en mejores ligas o gane más partidos. No hay modo.

Punto y aparte


La agresividad con que los partidarios de las opciones políticas que existen en México se refieren unos a otros para defender al político de su preferencia, me llevan a la siguiente reflexión: los partidos políticos no son equipos de futbol.

Cualquier equipo, el mío por ejemplo, puede perder 50 partidos al hilo sin que eso signifique mayor afectación en mi vida o la de mi familia. No sucede lo mismo con los actores políticos; las decisiones que toman, suelen ser cruciales en el destino de todo un pueblo; en ocasiones, en la vida o la muerte de los individuos.

Por esa razón, ante su actuar, debiéramos dejar de ser porristas de los políticos y retomar el privilegio humano de la función crítica.

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