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La Sociedad de las Poetas / Poemas de Ana Rodelo

 "Eleva su cuerpo el ave gris de mis espantos".
Foto(s): Cortesía
Redacción

Vuelo

Eleva su cuerpo el ave gris de mis espantos, 

tan fuertemente, con su grito opaco, 

que han quedado en el suelo partes mías, 

quizás me esperen o me dejen liviana, 

suspendida para siempre. 


 

En las entrañas del ave recuesto, 

soy un bocado que saborea, 

picante y dulce, verde y esponjoso, 

postre de fresas maduras y crema, 

algo frito con aceite de oliva, 

sumergido en miel, coronado de almendras. 


 

El ave recuerda los sabores, 

se agita en satisfacción emocionada, 

aprieto sus costillas negras tiemblo 

recuerdo todas las promesas, 

las voces que me piden calma, 

ecos que me prometen dulcemente. 


 

¡Qué curiosa lucha en la caja de mi pecho!,

el miedo pierde mientras los ojos se llenan,

el azul pronuncia sus palabras sabias,

se decanta en las cascadas, se eleva y vuelve.


 

Soy mujer pasajera en el ave de plata, 

miradora de los castillos de nube, 

los habitantes desde sus ventanas, 

presienten el vuelo, pero no lo miran, 

tan común es la maravilla. 


 

Mis ojos rebosan, pero no se sacian, 

con sus cabellos y ojos, 

con sus bocas de lluvia fresca, 

sus carcajadas de trueno y eco, 

y el resplandor del sol que los enciende como espejos. 


 

"Posición asignada 52, 

arribaremos media hora antes de lo esperado, 

29 pies sobre el nivel del mar". 

No consigo hacer la conversión a metros, 

¡qué fortuna! 


 

El pico del ave atraviesa un castillo 

apenas y nota nuestra ínfima presencia, 

puedo ver entre los cuartos y los salones, 

a las princesas traviesas de vestidos vaporosos, 

a los soldados leales de este reino del aire, 

vestidos de blanco y gris también al rey y a la reina. 


 

Me llamo invisible,

pequeña, 

bocado de ave, 

solo existen mis ojos y el cielo, 

que se apaga suavemente en el más puro naranja, 

dejando la oscuridad tendida en el infinito. 


 

Estrellas tapizando cielo y suelo 

habitadas todas, titilando todas, 

y al medio el ave que me contiene, 


 

Ojalá fuera poeta, 

o un pequeño pez 

viendo un rayo de luna sumergirse en las aguas, 

ojalá fuera un horno 

para ver la hogaza de pan inflarse de dicha 

y cubrir su piel de oro, 

o un gato pequeño 

escuchando el ronroneo de su madre, 

para adecuadamente sentir esta fortuna, 

de ser arrebatada del suelo, 

de ser la mujer pasajera del ave de plata.

Ana Rodelo. Artista multidisciplinaria egresada de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO). Actualmente trabaja promoviendo la enseñanza de las artes y la conservación de la cultura a la par de la exploración constante de las técnicas plásticas, literarias y de canto.

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