Claudia Díaz Jiménez
Piedad
Te recuerdo blanca:
Diciembre el implacable
sacude mis letargos
cierro los ojos y recorro en mi mente
los recuerdos en que habitas.
Piedad iluminada
como las lunas de octubre,
tu voz aguda me regala un saludo, un canto,
para responderte, adelgazo las palabras
alargo las vocales para pronunciar
el parentesco que nos une
a tu oído sordo, al mío heredado.
Por las tardes,
desde el ventanal que da al callejón,
te invoco
porque aún te miro en la máquina de costura
como quien mira en pantalla led
la temporada número equis
de una serie adictiva que no sabes
en qué termina,
pero te lo imaginas.
Yo sabía que de tu Singer salía algo más que ropa,
reconstruías recuerdos
trazabas los patrones minuciosos
de lo que había sido una vida larga y difícil,
hilvanabas los pedazos de un corazón, tu corazón,
que aun lloraba la perdida de uno de tus siete hijos,
también te miraba cortar y coser la nostalgia
de un amor que quizá no pudo ser,
dos almas en el mundo, había unido Dios, cantabas,
ta-ka ta-ka ta-ka ta-ka, respondía la máquina de coser,
dos almas que se amaban, eso éramos tú y yo.
Piedad iluminada
como las lunas de octubre
manos que visten la vida con blusas de seda,
faldas de encaje, vestidos de fiesta o abrigos de lana.
me dices que coser es fácil, pero a mi,
a veces, muchas veces, me acobarda la vida
con sus costuras inciertas.
Extraño el sabor de la calabaza en dulce que preparabas,
también los higos, tejocotes y manzanas,
con ese olor a canela, que como fantasma irresistible
salía de tu cocina al corredor y me invadía,
me poseía, me alegraba.
Recuerdo el caldo de pollo con o sin pollo,
tu pozole con mole, las copitas de oporto
y los chocolates con cereza al centro, escondidos
en las bolsas laterales del reposet ,
cómplice de tu diabetes,
comíamos atentas a
la lucha libre en la televisión de tu recamara,
a mí me impresionaba Sheamus,
porque el presentador decía que le aullaba a la luna,
y también Undertaker cuando ponía los ojos en blanco,
pero la emoción era más grande cuando salía Triple H,
porque era el luchador que a ti le gustaba.
Piedad iluminada
como las lunas de octubre.
manos que crearon sabores
que ahora se traducen en recuerdos.
Tus guisos no sabían de frijoles en lata,
comidas rápidas o sopas instantáneas,
yo hago trampa y escondo el Knorr Suiza en mi cocina
buscando acercarme a tu sazón,
pero el glutamato mono sódico,
la proteína vegetal hidrolizada,
la grasa de res, carne y grasa de pollo al 4%,
el extracto de levadura, dióxido de silicio,
el inosinato di-sódico
y todo lo demás que contiene, me fallan.
No fueron las tardes lentas, ni la costura diaria,
ni la diabetes mantenida a raya con jugo de sábila,
al final, fue una caída la que produjo ese proceso
largo y desgastado que te llevó a la muerte.
Sentada en una silla de ruedas ya no cosías,
pero tocabas con tus manos blancas
las costuras valientes que yo hacía y te alegrabas.
Vi a mi madre y a mis tías cantar contigo esa lenta agonía,
las miré sufrir y también sufrí desde antes tu partida,
ese hueco que poco a poco dejaba.
Piedad iluminada
como las lunas de octubre
partiste como los pájaros que alegraban el corredor de tu casa,
ya no escuchamos sus trinos ni nos llenan sus colores,
el fantasma de canela deambula perdido
y Triple H ya no me emociona igual.
Piedad iluminada
te imagino blanca: hermoso alcatraz
en un amanecer húmedo y frío,
voz aguda que me regala un saludo, un canto,
para recordarte aun adelgazo las palabras y alargo las vocales
para invocar nuestro parentesco… a mi oído sordo.
Claudia Díaz Jiménez, es licenciada en contaduría, declamadora, escritora de poesía y cuento. Ha publicado cuento en la Antología de Chile, Mole y Pozole de la editorial Matanga, diplomada en Antropologías Corporales para la Creación promovido por IDAS.Oaxaca; recientemente cursó el Seminario en Socialización y Producción de Poesía en la Biblioteca Henestrosa.
