“Orfandad” (Random House, 2024) es la nueva novela de Karina Sosa Castañeda (Oaxaca, 1987) y esta tiene que ver todo con el sentir a la muerte cerca y esa sensación de deja. La trascendencia de su abuela materna la empujó a escribir sobre la ciudad, sobre conceptos como la justicia y en ese asomo que mapea la ciudad de Oaxaca, deja ver un anhelo por sanarse a sí misma. Sin que lo diga explícitamente, la escritora se libera de estas historias que habían guardado silencio, para compartirlas en la novela más personal que ha escrito.
Su colega Fernanda Melchor escribe: “Con su escritura íntima, de una belleza desgarradora, Karina Sosa nos ofrece un testimonio a la vez doloroso y privilegiado de uno de los movimientos sociales que han delineado el rostro del México contemporáneo”.
¿Cómo desmarcarse para hablar de un movimiento que vive en la memoria de los oaxaqueños? ¿Cómo no hacer literatura desde lo personal? ¿Cómo no querer sanar la figura paterna y materna en aras de construir su propia vida? Son algunas de las preguntas que respondió. La entrevista sucedió en la terraza de un café, a un par de cuadras del Zócalo, uno de los personajes de su novela y la tarde lluviosa dio tregua unas horas, para escuchar su voz.
-“Orfandad" es tu segunda novela, quizá la más personal que has escrito hasta ahora. ¿Cómo la liberaste?
-Me resistí mucho tiempo a escribir sobre el 2006. Justo después de que pasó yo estaba muy animada a hacerlo y en el 2008 dije: "Voy a escribir una novela sobre ello". En ese entonces participé en un taller con Heriberto Yépez y en el primer día nos dijo: "No, la literatura no se trata de contar aquello que nos pasa…" Me quedé pensando eso muchos días; participaba también en otros talleres en ese momento, con Guillermo Fadanelli, Leonardo Djandra y antes del 2006, con Fernando Lobo. En ese boom de talleres empecé a escribir otra cosa, una novela sobre un hospital psiquiátrico, cuentos y cosas aisladas.
"Así que me resistía mucho y después vino en mí un proceso de ser muy apartidista, de alejarme de lo social, de no querer tocarlo para nada. Y me hizo muy bien. Yo creo que fue muy saludable porque me permitió tener otras visiones de la vida, del mundo de Oaxaca y estar mirándolo todo, pero teniendo un juicio propio, un criterio propio".
-¿Qué había en tu vida en el momento en que decidiste comenzar a escribirla?
-“Orfandad” llegó de pronto, cuando murió mi abuela -la mamá de mi papá-, y fue un momento muy doloroso para mí, el símbolo de una casa que se cae. Sentí que se había caído el pilar más grande y el último que me quedaba fuerte y sólido, porque mis papás ya se habían separado años atrás y mis hermanas ya estaban haciendo cada quien su vida.
"En ese momento de caída dije: 'Pues esto es la orfandad' y empecé a escribir una novela, que al principio se llamaba Mapa de Oaxaca y que hablaba más bien de cómo una ciudad se deteriora con el paso de los años; la historia de una niña que va caminando con su mamá y va viendo la ciudad y cómo ésta ha cambiado.
"A través de los mapas iba hablando la voz de la ciudad, que al final sí se quedó ahí. Luego algo pasó y se empezó a mezclar mi propia historia con la historia de Oaxaca y se convirtió en otra cosa. La quería llamar huérfanos precisamente por esta sensación tan violenta de estar solo en el mundo.
"Pero no solo huérfano de familiares, sino una ciudad que está abandonada, huérfana de muchas cosas, de justicia, de orden, de elementos para seguir viviendo. Y luego pensé mucho en la orfandad como concepto. Y dije: 'Bueno, no solo somos huérfanos, sino somos una sociedad que está en una orfandad constante'. Así nació este golpe de ver la muerte y de saber que algo muy importante había caído".
-A lo largo de la novela vemos anotaciones de tu diario, ¿qué tan importantes fueron en tu proceso de escritura?
-Sí, son anotaciones de mis cuadernos, de cuando iba en la prepa, me costaba mucho trabajo entablar contacto con los otros, tenía mucha inseguridad. Reprobé dos años y me salí sin decirles a mis papás; entonces en el libro viene mucho de lo que escribía ahí.
"Para mí, lo único que te convierte en escritor o escritora es escribir, o sea, no hay de otra y para mí el diario es una herramienta vital; nunca la he soltado. Tenía diarios desde muy niña y empecé a usar el diario como un hábito; así como lavarte la cara es el diario para mí.
"Sí… los diarios hablan mucho de la adolescente que fui, aunque en realidad creo que en la Karina de 'Orfandad', lo único que yo quería lograr era que no fuera panfletaria, que no opinara sobre política, porque de repente opinas con fervor sobre ciertas cosas con un anhelo de justicia, de esperanza".
-Y en esa génesis en la que no sabías en qué iba a desembocar esa novela sobre la ciudad, ¿qué delineó la historia que publicas ahora sobre la orfandad?
-Cuando murió mi abuelita, al llegar de su funeral, llegué a mi casa en la noche y agarré la computadora; fue como un exorcismo y empecé a escribirla así, muy deliberadamente. Y escribí como cinco meses o seis meses y luego la leí con mi agente y luego con mi editora, Eloísa Nava, quien juega un papel bien importante en esta publicación; ella me ayudó mucho a hacer cambios de tiempo, a pesar de que se oponía o se resistía a ciertas cosas, entendió todo.
De qué se trata “Orfandad” se pregunta la misma autora y se responde: “De estas estructuras que se caen y cambian, así como el gobierno, la familia, el amor… De una hija que todo el tiempo se está cuestionando qué es el amor y se lo está cuestionando porque empieza a dejar de ser una adolescente y a convertirse en una adulta, una mujer que mira con juicio el amor que se han tenido sus padres y que de ahí parte para amar”.
En la novela, les lectores recorren esos viajes personales, interiores, físicos, desplazamientos y hallazgos. Un viaje en Río Sapo, Chilchotla. Este viaje tiene que ver con un proceso de búsqueda espiritual guiado por una chamana, Lucrecia. En la novela aparece esta voz, además de la de Karina que está buscando a su padre, Flavio, y para acceder a él hace un viaje de sanación con hongos.
En “Orfandad” la escritora hace dialogar a autores como Guadalupe Dueñas o Juan Carlos Onetti. Presenta a personajes como la propia ciudad de Oaxaca, a quienes fueron protagonistas del movimiento social el 2006 y a esta niña en búsqueda de su padre, que es testigo y fortaleza de su propia familia y de cómo vivió el deseo de que su padre la viera.
Ahora ella se ve y liberó esta historia, a través de una novela que la catapulta a otros lectores alrededor del mundo, publicada por el sello Random House y con edición impresa y en ebook. Después de “Caballo Fantasma” (Almadía, 2020), Karina Sosa Castañeda entrega esta ficción en la que seguramente muchos oaxaqueños se verán y en el mundo, se reconocerán.
