Por Inara Farrera Cruz
Hace unos días, observé que una de mis conocidas de la universidad estaba por concluir sus estudios; junto a ello, otros compañeros están por terminar su servicio social de la licenciatura en psicología.
Recuerdo que cuando era estudiante, algo que muchos docentes nos repetían era la frase “ustedes no pueden dar terapia con la sola licenciatura”, ya que la sola licenciatura no nos preparaba para ello, sin embargo, al asistir al servicio social, lo que se nos pide a muchos es dar “consulta” o terapia como algunos le llaman. En ocasiones no sabemos qué hacer, sobre todo cuando el servicio se realiza en localidades lejanas y la o el encargado del área de psicología es alguien ajeno al cuidado de la salud mental.
Mientras realizaba el servicio, escuchaba anécdotas de mis compañeros, en donde se las ingeniaban para “dar consulta” en los lugares donde fueron asignados, incluso escuchaba a otras personas que, durante ese tiempo, le preguntaban a su propio terapeuta qué hacer, ya que ellos no sabían cómo abordar las situaciones que llegaban a sus consultorios. Para mi fortuna, no estuve sola y estaban a mi cargo diferentes especialistas, pero siempre me quedó la espina de aquella frase “ustedes no están preparados para dar terapia”.
Mi deseo de dedicarme a la atención clínica me hizo buscar dónde especializarme, pero una inquietud abordó mi mente: ¿Cómo sé que estoy lista?, es entonces cuando llegué al INEIP, en donde, mis formadores, las psicoanalistas Clarisa y Fausta y el psicoanalista Alejandro, y mis colegas Magda, Sindri y Rafael me han encaminado y orientado en el mundo de la atención clínica de pacientes.
Estamos a punto de regresar a las aulas mediante el proyecto Infancia es Destino, en donde no sólo encontré un espacio en el cual desarrollarme, sino que me ha ayudado a perder aquellas inseguridades que me aquejaban como estudiante. Hoy en día, me llena de alegría saber que al llegar a las escuelas, hay niñas y niños esperando la llegada de sus psicoanalístas.
