Por Rafael Alfonso
Tomás Moro (1478 –1535) no inaugura la literatura utópica, pero tiene el privilegio de darle
nombre, aunque, paradójicamente, su visión del futuro y del destino del hombre es más bien pesimista. El pensador inglés nació en Londres, en el seno de una familia cuyo patriarca, John More, era jurista y después fue nombrado caballero. A los catorce años ingresa a Canterbury College de Universidad de Oxford. Estudió abogacía y se dedicó a los litigios.
Se casó y procreó cuatro hijos a los que trató sin éxito de introducirlos a la vida intelectual. Moro dominaba el francés y el latín y a lo largo de su vida cultivó prácticamente todas las áreas de la actividad intelectual de su época: escritor, pensador, teólogo, político y, por añadidura, mártir, ya que siendo católico, en medio de las pugnas separatistas, se opuso al divorcio del Rey Enrique VIII con la Reina Catalina de Aragón y se negó a prestar el juramento antipapista que exigía la Iglesia
Anglicana. Lo anterior le valió una acusación por alta traición y una condena a muerte por decapitación. Curiosamente, es venerado como mártir y santo tanto en el ámbito católico como en el protestante anglicano.
“Libelo del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía” es el título original de la obra de Tomás Moro que se conforma de dos libros. En el libro primero Moro manda una carta a su amigo Peter Giles donde le explica que el texto de Utopía es una transcripción de lo escuchado a un explorador de nombre Raphael Hythloday.
A esta carta le sigue una larga disertación a manera de diálogo entre el citado Hythloday y Moro en la que el primero da cuenta de varios descubrimientos de tierras no europeas con costumbres diferentes y nuevos órdenes sociales. El viajero alega la falta de probidad de los gobernantes europeos y señala su egoísmo y sus prejuicios para alcanzar una sociedad justa. Así los dialogantes llegan a la conclusión de que es necesario hacer de la política y la filosofía una sola materia.
En Utopía existe libertad absoluta de culto, la jornada laboral es de 6 horas y el resto del día se estimula el aprovechamiento del ocio en actividades artísticas y culturales que desarrollan la inteligencia como la lectura y la escritura. Quizá por ello llamamos Utopía a todos aquellos ideales difíciles de conseguir, tanto en aquel tiempo como en este.
