Primera de tres partes
Por Alejandro José Ortiz Sampablo
En la intimidad de la clínica psicoanalítica se escucha a mujeres en su lugar de hijas, hermanas, primas, tías, madres, abuelas, compañeras de trabajo o de escuela, de quienes, a partir de las historias que narran se decanta el dinamismo psíquico que les acarrea el ocupar dichos lugares. Regularmente, los motivos por los que la mujer llega en busca de atención psicoanalítica son cuatro: problemas de amor, dificultades con los hijos, por prescripción médica o la insistencia de algún familiar o amigo. Podrá imaginar que él o la psicoanalista escucha mujeres de diversas edades y estratos sociales. En otras palabras, en el psicoanálisis observamos en micro aquello que se expresa a nivel macro, en lo social.
Una advertencia
De igual forma escuchamos a los hombres. Sólo que, a ellos, por lo general y prontamente, en el tratamiento psicoanalítico se les devela que el origen de su síntoma (el mal que los aqueja) tiene que ver de manera directa con su entrega a su placer de órgano. De ahí podemos comprender que muchos abandonen el tratamiento prontamente; otros más, en aras de no renunciar a él (al placer de órgano) modifican su conducta, creando para ellos mismos la ilusión de que se han "curado"; algunos más se quedan en el tratamiento con la intención de restaurar la realidad que se les fracturó. Lamentablemente pocos son aquellos que, como lo menciona el creador del psicoanálisis, intentan realizar un pequeño cambio en su disposición psíquica, y ojo, no igualemos a estos últimos con la persona del psicoanalista, pues si a estos se les observa detenidamente se advertirá que muchos de ellos se siguen entregando sin ambages a su placer de órgano, lo que deja en evidencia que fueron impermeables al psicoanálisis, aun diciéndose u ocupando el lugar del psicoanalista.
Para muestra, un botón
Como se mencionó anteriormente, en la clínica psicoanalítica escuchamos algunas de las partículas que integran a un organismo de mayor tamaño, lo social. Por lo que, en este punto, es necesario recurrir a un ejemplo extraído del dicho dispositivo, es decir a una viñeta clínica, para aclarar ciertos puntos sobre los retos y las vicisitudes que, al igual que antaño, hoy afronta la mujer.
Se trata de una mujer de 35 años, quien ha permanecido soltera pues, digamos, no ha tenido suerte en el amor. Por dos años sostuvo una relación sentimental con un hombre un año mayor que ella. Inicialmente se quejaba de que él no quisiera tomarla en serio para formalizar la relación. Cuando lo conoció le fue indiferente, pero el trato cotidiano en el trabajo, en el cual él le mostraba cierto interés se conjugó con que ella estaba en duelo amoroso, circunstancias que terminaron por convencerla de que sería bueno darse otra oportunidad.
Ella, desde que terminó la carrera, ha trabajado y ha sido independiente, lo que le permite vivir con cierta solvencia económica. El reclamo que en los últimos meses le realizaba a su enamorado, era que él sólo la buscaba para emborracharse y tener relaciones sexuales, para después desaparecer sin dar señales de vida por varios días o semanas, lo que siempre termina por dejarla en la zozobra, a la espera de sus mensajes de WhatsApp, los cuales sólo llegaban cuando en él surgía “la necesidad de verla”. En los encuentros, ella paga las cuentas, pues no sabe qué hace él con su dinero, pues nunca tiene. Ella se justifica, diciendo que no cree poder encontrar otro hombre como él.
Continuará…
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Para saber:
Atención psicológica
Los motivos por los que la mujer llega en busca de atención psicoanalítica son cuatro: problemas de amor, dificultades con los hijos, por prescripción médica o la insistencia de algún familiar o amigo.
Disposición psíquica
Pocos son aquellos varones que intentan realizar un pequeño cambio en su disposición psíquica.
