Con un Auditorio Guelaguetza lleno y el entusiasmo de miles de asistentes, este lunes comenzó la edición 94 de la Guelaguetza, la máxima celebración cultural de Oaxaca, donde los pueblos originarios y afromexicanos volvieron a compartir la riqueza de sus tradiciones a través de la música, la danza y la fiesta comunitaria.
Desde las primeras horas de la mañana, el sonido de la chirimía marcó el inicio de una jornada en la que más de 11 mil personas, entre habitantes de Oaxaca, visitantes nacionales y turistas extranjeros, se reunieron para presenciar uno de los encuentros culturales más representativos de México y Latinoamérica.
La ceremonia arrancó con la interpretación de Dios nunca muere, considerado el himno sentimental de las y los oaxaqueños, que puso de pie al público antes de dar paso a las delegaciones participantes.
En esta primera presentación participaron 13 delegaciones provenientes de las ocho regiones del estado, representando a los pueblos originarios y afromexicanos mediante bailes, sones, jarabes y la tradicional entrega de productos de sus comunidades, esencia de la Guelaguetza, cuyo significado en zapoteco es “dar y compartir”.
Durante la inauguración, la representante de la Diosa Centéotl 2026, Enid Azucena Torres Agustiniano, dirigió un mensaje en el que reconoció el papel de las mujeres en la preservación de las tradiciones de Oaxaca y llamó a las nuevas generaciones a sentirse orgullosas de su identidad.
“Este cetro no pesa por su material, sino por las personas que me antecedieron. Que nunca nadie les diga qué deben hacer para poder brillar. Yo no tuve que cambiar para estar frente a ustedes y ustedes tampoco lo deben hacer”, expresó.
La fiesta continuó con la participación de las Chinas Oaxaqueñas de Genoveva Medina, Ciudad Ixtepec, San Vicente Coatlán, Heroica Ciudad de Huajuapan de León, San Pablo Villa de Mitla, San Melchor Betaza, Teotongo, Santo Domingo Chihuitán, Collantes, Santa María Tonameca, Villa de Zaachila, Santiago Pinotepa Nacional y San Juan Bautista Tuxtepec, que llevaron al escenario una muestra del patrimonio cultural que distingue a cada comunidad.
Con este primer Lunes del Cerro, Oaxaca dio inicio a una de sus celebraciones más esperadas del año, una fiesta que mantiene vivo el espíritu de la Guelaguetza a través del encuentro entre pueblos, la diversidad cultural y el intercambio comunitario que ha trascendido generaciones.
