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Escribir. Una forma de sintonía

Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Rafael Alfonso

Escribo y, en ocasiones, con genuina sorpresa, veo aparecer en el cuaderno frases o sentencias que de ninguna manera me son propias, palabras que yo mismo desconocía. Es una sensación extraña, casi física, como si mi mano fuera el sismógrafo de un temblor lejano, movido por una voluntad que no conozco. Miro la tinta fresca, todavía brillante sobre el papel, y me pregunto quién es el verdadero autor de esto que ahora digo, de qué estrato de la memoria han surgido estas palabras que ahora parecen tener una vida propia.

Me detengo. Releo. Debo reconocer que yo no construyo así, mi mente es caótica, muchomás torpe, llena de ruidos cotidianos y preocupaciones domésticas.

No es la primera vez que pienso que la escritura no es del todo un acto de creación, sino de sintonía. Quizás el cerebro, entra en cierto estado de trance provocado por el roce de la pluma contra el papel y ésta se convierte en una antena con la cual capto fragmentos de conversaciones que nunca escuché, ecos de libros que nunca abrí, o la voz de quien fui y ya no recuerdo haber sido.

"Escribir es, en el fondo, una forma de desaparecer para que las cosas sucedan".

Esta última frase acaba de aparecer ahora mismo de la nada. No estaba en mis planesescribirla. Todavía no sé si estoy de acuerdo con ella, pero ahí está, reclamando su lugar en la página con una autoridad que no me atrevo a cuestionar.

Sé que mañana volveré a sentarme frente al papel en blanco. No sé qué diré, ni con qué palabras. Sólo espero que eso que vive en mí tenga algo interesante que contar, y que mi mano sea lo suficientemente dócil para no echarlo a perder, porque en ese pequeño espacio entre lo que quiero decir y lo que termino escribiendo, es donde realmente ocurre una suerte de milagro que me une con lo que todavía desconozco de mí mismo.

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