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Bordadoras, entre el plagio y el comercio injusto

Foto(s): Cortesía
Carina Pérez García

Oaxaca.- Luego de la denuncia del plagio de la blusa de Tlahuitiltepec, registrado el pasado tres de junio del 2015, se puso en evidencia que Isabel Marant no era la única empresa de diseño de moda que estaba plagiando esta blusa.

 

En julio de este año circuló en redes sociales la petición -a través de la plataforma change.ord- para que la marca Rapsodia reconociera y remunerara a la comunidad de San Antonino Castillo Velasco, Oaxaca, por plagiar el diseño de una blusa tradicional zapoteca en su colección de invierno 2016.

 

 

Quienes conocían la blusa de San Antonino constataron que Rapsodia había plagiado y había nombrado al textil como modelo Marion Missy; luego de que la petición comenzó a hacer eco, dicho sello textil retiró por más de seis horas, de su catálogo en línea, la blusa en mención.

 

 

En el caso de la blusa de Tlahuitoltepec, según el diario The Guardian, la firma Antik Batik estaba litigando en contra de Isabel Marant, porque reclamaba los derechos de autor sobre el diseño de sus productos de la línea Etoile primavera-verano 2015, de hecho, Antik Batik es también una empresa francesa de Gabriela Cortese que en su línea Barta comercializó, desde el año 2014 prendas con los patrones gráficos de la blusa de Tlahuitoltepec.

 

 

Ninguno de los dos casos fue resuelto. Ninguna marca internacional reconoció públicamente la autenticidad del diseño de ninguna de las dos comunidades. Ninguna reconoció los plagios y tampoco el estado ha tomado la iniciativa de crear leyes que protejan el patrimonio textil de los pueblos indígenas. Mucho menos ha buscado capacitar a los artesanos, tejedores y bordadoras para llevar una sana contabilidad y ponerle precios justos a sus creaciones.

 

 

En entrevista, Héctor Meneces, director del Museo Textil de Oaxaca (MTO), apuntó que en estos casos se pone en peligro el real significado y naturaleza de las prendas, porque no se trata simplemente de hacer una camisa y ya, si no de todo un sistema integral de vida; recuerda que en el caso de la blusa de Tlahuitoltepec, cuando la gente les insistió en que tendrían que patentar sus diseños, ellos referían que no podían patentar todo un estilo de vida y que ellos no tenían por qué hacerlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

"Al hablar de plagios y no acreditaciones correctas se le está restando un significado a un artesano posibilidades de remuneración y reconocimiento. Yo no veo peleado el que la prenda se comercialice en otros productos, pero que la gente que lo haga se vea beneficiada, que en vez de mandar a hacer esas prendas a la India, donde es barato, mejor mandarlas a hacer a las comunidades originarias. Eso es responsabilidad social, comercio justo y reconocimiento, no un discurso vacío y hueco como el de muchos, que por ganarse más dólares plagian".

 

 

Héctor Meneces recordó que ahora está de moda par algunas marcas o diseñadores: decir que están a favor del comercio justo y de prácticas justas, pero no se trata solamente de que alguien más se haga rico comercializándolos. Y ese es un asunto que se pude ver a la vuelta de la esquina, incluso en algunos museos o en el aeropuerto.

 

 

"Qué tanto son los intermediarios que hay en nuestro país los que han plagiado también. Empecemos por nuestra casa, qué vemos en los aeropuertos y qué vemos en algunos museos: a diseñadores robándose las flores tehuanas o motivos otomíes y estampando los en sus prendas; hay que preguntarse qué estamos haciendo al respecto".

 

 

Asimismo el director del MTO habla al respecto del trabajo de los artesanos. Afirma que si le pusieran el precio justo a sus trabajos quizá serían pocos los que podrían costear un trabajo así. Ellos hacen promedios de las cantidades que necesitan para vivir y el tiempo que llevan haciendo una prenda: "eso sería justo, lo injusto es lo que pasa previamente, que ellos mismos se limite ; lo justo es dar el reconocimiento como se merece".
 

 

 

No sólo es una blusa

 

 

Irene Martínez, bordadora de Santa María Tlahuitoltec comparte, en entrevista, que la blusa que varias mujeres de su comunidad crean, no sólo es un textil, si no una identidad: "lo que queremos es que reconozcan que es de Tlahuitoltepec. Que reconozcan que son del pueblo y para el pueblo, y que esto siempre va a ser así".
Comparte que afortunadamente para su grupo, un colectivo conformado por 12 mujeres, siempre han tenido trabajo, y venden más afuera de su comunidad, que adentro. Comentó también que ha habido re-venta y que hay personas que han llegado a pedirles que les borden tiras, pero que si no se las pagan como cuestan, no las hacen porque ellas han valorado su trabajo.

 

 

"Ya empiezan a encargarnos una tira y quieren darnos 50 pesos una tira, les hemos dicho que si la quieren que la paguen bien y si no, no pasa nada, nosotras valoramos nuestro trabajo". Irene Martínez apunta que en elaborar una blusa se llevan tres días, ente el corte, bordado, lavado, planchado y etiquetado".

 

 

Reconocer el plagio del diseño y detener la producción de la auténtica blusa de Santa María Tlahuitoltepec fue la petición que hicieron autoridades de este municipio de la Sierra Mixe, encabezados, hace un año, por su presidente municipal Erasmo Hernández González.

 

 

"La blusa de Tlahuitoltepec es identidad y no justifica la probable afinidad de Isabel Marant sobre la blusa, más bien la considera la apropiación de una identidad cultural con fines comerciales y atenta contra la idea del colectivo y no se trata de la creación de un recurso creativo, inspiración o influencia, porque ignora que las dimensiones sociales y culturales plasmadas prevalecen sobre las económicas ocasionando perjuicio contra las comunidades indígenas" manifestó aquella vez Erasmo Martínez.

 

 

 

 


 

 

Más que una blusa es identidad

 

 

No quisieron entonces, ni ahora, pensar en que parte de su vida se registrara: "en esa blusa va todo, nuestra vida,  nuestra visión, así que por qué lo tenemos que registrar. Es lo que le pedimos al estado, a las instituciones, que entiendan, por qué nos tenemos que registrar de una esencia y una raíz."

 

 

Desde entonces aclararon que para ellos  el tema de una blusa no es un asunto comercial, porque no es un producto mercantil y que el hecho de que ellos sean dueños de este diseño no está en juego y es parte de su identidad cultural. En la comunidad de 12 mil habitantes, al menos el 50 por ciento se dedica a la elaboración de esta prenda.

 

 

"Desde que nacemos nos dan esa identidad, desde pequeños la vamos teniendo y cada familia diseña esta blusa. Portarla es un honor, en la fiesta y a diario." Doña Honorina Gómez Martínez tiene 46 años bordando para Tlahuitoltepec Mixe. La confección de esa blusa le representa básicamente lo que lleva en su sangre, lo que vive ella diariamente y lo que su espíritu custodia con recelo.

 

 

"No lo bordamos dibujado, no lo copiamos, sale del corazón, si bien sale de mi cabeza mi corazón me dice qué voy a bordar, porque ya lo tengo en la memoria, nacemos con esa idea o sentimiento, vivencia, es la vida cotidiana como Mixe. Es una representación de sangre, alimentación y naturaleza."

 

 

En entrevista, la creadora y custodia de esta tradición textil explica que la simbología no son flores, sino representaciones del sol que amanece y anochece. Otras de las figuras son los magueyes que se dan ahí porque son de tierra fría y son los que plasman en la manta; además de las estrellas que alumbran a la comunidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

"Lo representamos por el cerro del Cempoaltépetl, mixe, ese es nuestro orgullo y me duele hasta el corazón cuando supe que una persona lo estaba haciendo y de esa manera. Me pregunté, pero ¿qué está haciendo? Está robando nuestros sentimientos, nos está desnudando completamente, porque esto representa todo lo que es nuestra cultura, la cultura de Santa María Tlahuitoltepec Mixe, eso es lo que es."
Con 46 años de trabajo como artesana, doña Honorina le ha transmitido su oficio a sus hijas, quienes bordan. En cuanto a la innovación, a la típica blusa bordada en negro con rojo, la original,  en el 2006 propuso el color azul marino y rosa, ahora las jóvenes de la comunidad bordan en azul, verde, rojo, morado y  otros colores.
La indumentaria incluye la blusa, el ceñidor con el soyate,  la enagua y los huaraches. Si bien aclaró que este diseño se atribuye a la comunidad simplemente viéndolo en la indumentaria, en estas y en otras coleccionan existen las piezas anteriores a la historia que le dan sustento a una demanda.

 

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