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Santa María del Mar: artesanas en el olvido

Foto(s): Cortesía
Luis Ignacio Velásquez

SANTA MARÍA DEL MAR, Juchitán de Zaragoza.- En el patio de su casa donde improvisó su taller de elaboración de cortinas con pequeños caracoles, doña Anastasia López Martínez recrimina a las autoridades del gobierno estatal: “Desde hace tiempo yo he enseñado a las mujeres de esta comunidad a elaborar cortinas con los caracoles y no recibo por ello absolutamente nada, ni una despensa, ni un apoyo económico”.


Morena, con el tradicional porte istmeño, agrega que en este pueblo aislado desde hace seis años por un conflicto agrario con su vecino de San Mateo del Mar, no hay trabajo, ni manera de que las mujeres obtengan algún ingreso.


Mujeres artesanas


“Viendo esto, le dije a mi esposo que hiciéramos un grupo de mujeres para elaborar artesanías, porque tenemos hijos estudiando y no tenemos dinero para apoyarlos; entonces organizamos un grupo para hacer las cortinas; el primer grupo fue de 16 compañeras; pero ahora me pidieron que enseñe a los niños de la escuela y en eso estoy”.
Informa que en la agencia se produce el caracol, que se vende a comerciantes de Veracruz por toneladas, “porque aquí hasta que mi esposo y yo empezamos a elaborar las artesanías, nadie lo trabajaba”.


Mientras muestra las obras en proceso que cuelgan en el corredor del patio, manifiesta que ellas compran el caracol con todo el molusco, la madera y el hilo de plástico para realizar las cortinas.


Los niños


La artesana López Martínez comenta que este año, el director de la escuela primaria de la comunidad le pidió que enseñara a los niños a elaborar cortinas. “El director me dijo si hacía el gran favor de enseñar a los niños para que sigan adelante y puedan comprar su ropa, zapatos, sus cosas”.
Agrega que así está enseñando a 16 niños de tercer año y otros nueve de cuarto año de primaria, quienes acuden a su casa para aprender el oficio.


-¿Y quién le enseñó a usted a elaborar esta artesanía?


-Bueno, desde hace años, un señor de Veracruz viene a comprar el caracol por toneladas; entonces, hace más de 10 años mi esposo me dijo que aprendiera a hacer las cortinas. Yo le pregunté: ¿cómo? Entonces él buscó la madera, tendió los hilos y experimentando con los colores de los caracoles, comencé a sacar las figuras.
Dice que cuando podían transitar por la carretera que comunica Santa María del Mar con San Mateo del Mar, la gente llegaba al pueblo y les compraba las artesanías; “pero desde hace seis años que sólo se puede arribar aquí en lancha, cruzando el Mar Muerto, no hay nadie que nos compre”.


El proceso


Explica que una vez que compran el caracol, le extraen el molusco, lo lavan y después le cortan la punta para poder ensartarlo en el hilo. “El caracol está todo sucio, entonces hay que limpiarlo con jabón, secarlo y meterlos en bolsas, pero cada que se ocupa hay que lavarlo, después se separa por color: blanco, café, marfil, entre otros”.


Dice que después se traza la figura en papel que servirá de molde y poco a poco se van ensartando los caracoles para hacer la cortina. Afirma que desde ese tiempo no ha recibido ningún apoyo a cambio de enseñar a las mujeres y niños este oficio. “Quiero entonces pedir tan siquiera una despensa, porque a veces se venden las cortinas y a veces no, pero ya las tenemos pues”.


El alumno


El estudiante de tercer año de primaria Luis Ángel Martínez, de ocho años de edad, reconoce que no es tan fácil elaborar las cortinas, porque primero hay que hacer el modelo; “muchos copian las figuras, pero a mí me gusta hacer mis propios modelos y los dibujo”.


“Ahorita estoy haciendo dos pelícanos, después voy a hacer dos delfines de frente jugando con una pelota, entonces tengo que hacer los dibujos.


-¿Por qué les dijeron en la escuela que tenían que aprender a hacer cortinas?


-Para ir a otras comunidades a vender las cortinas, pero también para que podamos comentar todo lo que está pasando en este pueblo, porque desde hace seis años no podemos salir más que por el Mar Muerto y eso nos tiene aislados.


Señala que doña Anastasia separa los caracoles por colores y ellos cortan la punta del caracol y van ensartando los mismos en los hilos de plástico. “A mí me gusta hacer cortinas, hamacas y bolsas, pero nadie viene a comprar ahora porque hay que pasar en lancha el mar y es peligroso”.
Expresa que en el pueblo hay mucha necesidad; “a veces hay pescado y a veces no, entonces no tienen dinero; a mí me gustaría tener dinero para ayudar a mi madre, pero las cortinas ya no se venden, porque es difícil llegar a Santa María, pues hay que cruzar el mar y cuando hace mucho aire, las olas no dejan pasar la lancha”.

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