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Niños y adolescentes chiapanecos se ganan la vida en las calles de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Un grupo de jóvenes chiapanecos con origen Tzotzil se encuentra en el cruce de Francisco I. Madero con Montealbán buscando la forma de sobrevivir.


La luz del semáforo se pone en rojo. Es cuando estos jóvenes, de entre 13 y 17 años aprovechan para subirse a los cofres de los autos para limpiar los vidrios y recibir un peso. En tanto, un par de muchachitas de la misma edad, con vestimentas regionales de Chiapas, hacen malabares turnándose a un niño sobre los hombros.



También hacen malabares. FOTO: Emilio Morales

Su jornada empieza desde las 9 de la mañana y se quedan hasta las 8 de la noche. Durante las horas que pega más fuerte el sol buscan una sombra en el camellón para cubrirse en lo que cambia el semáforo, así transcurren horas. Justo en la esquina está una tienda de conveniencia, donde compran sus comidas, sopas instantáneas y pan es lo que más consumen. En promedio, cada uno gana de 100 a 140 pesos al día.


Entre muchos rentan un cuarto de 3 mil pesos al mes en la colonia Estado de Oaxaca. No tienen familiares aquí, no saben a qué vinieron y no hablan de cómo llegaron. Cuando se les pregunta de algún tema personal bajan la mirada y niegan nerviosamente cualquier respuesta.



Jóvenes chiapanecas trabajando en la calle. FOTO: Emilio Morales

Estos niños de la calle pertenecen al sector de jóvenes sin trabajo formal y sin estudios. No saben leer, ni escribir. Apenas hablan español. Su estado de analfabetismo los vuelve presas fáciles de extorsión, explotación y abuso.

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