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Eligio: un caso de explotación y maltrato infantil en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Luis Ignacio Velásquez

Oaxaca.- A los doce años de edad, Eligio decidió emigrar de su pueblo, San Francisco Jayacaxtepec, municipio de Totontepec Villa de Morelos, a la capital del estado. No quería formar parte de los más de 200 analfabetos de su comunidad, que apenas alcanza los 720 habitantes.


Sin embargo, lejos de lograr su sueño, su vida se transformó en una semiesclavitud a manos de un patrón que le exige una cuenta diaria de 2 mil pesos por la venta de raspados y frituras en el turístico Santa María El Tule.


Las jornadas extenuantes de trabajo de 12 horas para poder completar la cuota, no aminoraron su pobreza, ni le permitieron estudiar. Pero eso para él no es extraño, porque desde que llegó de su pueblo ha tenido trabajos agotadores y mal remunerados, que sólo le permiten sobrevivir. Con el dinero que obtiene debe pagar la renta de un cuarto y comer, además de llevar algunos pesos a sus padres que permanecen en el pueblo, consumiéndose en la miseria.


Aunque, como suele suceder, a la explotación laboral se sumaria pronto el maltrato: “El patrón siempre se enoja cuando no le entregamos la cuota completa: los 2 mil pesos diarios. Nos grita y amenaza con quitarnos el triciclo de las ventas”. A pesar de ello Eligio siempre pensó que Oswaldo, el patrón, le hacía un favor al darle trabajo, y ponía el mejor de los empeños para cumplir con la cuota. “Yo ni comía para poder cumplir, apenas veía a un grupo de personas pedaleaba rápido el triciclo para vender los raspados”.


Pero el martes 28 de junio pasado conoció el lado más oscuro de la explotación infantil: la violencia.


Dice que se fue unos días a su pueblo, y cuando regresó, le dijo a Oswaldo, su patrón, que ya no trabajaría con él, que laboraría con la exesposa de este, ya que al separarse, se repartieron equitativamente los 24 triciclos que operan: “Como ella se quedó con 12 triciclos me dio trabajo y creo que eso le molestó”, relata.


Recuerda que aproximadamente a las 8:00 horas se encontraba en la casa de la expareja de Oswaldo, cuando éste llegó a discutir con la mujer.


“En la mañana llegó y discutió con su esposa, le dijo un chingo de cosas. Cuando terminó con su esposa, y como no se pudo desquitar con ella, fue a donde estaba llenando los garrafones de agua y me insultó. Me dijo: 'Ya no te quiero ver aquí, vete a chingar a tu madre', y que empieza a pegarme", expresa el adolescente.


Con la evidencia de los golpes en el rostro, Eligio manifiesta que Oswaldo siempre fue muy desconfiado con sus trabajadores. “En el casi un año que llevó laborando para él, todos los días nos cuenta los chicharrines, los vasos, todo”.


Aunque su preocupación ahora es otra. “El problema es que rento un cuarto en el Tule por el que pago mil pesos semanales, y ahora es mi esposa quien se va a hacer cargo de los gastos, mientras encuentro otro empleo. Mi mujer trabaja con la exesposa de Oswaldo vendiendo raspados también en un triciclo”.


Después de la agresión, Eligio buscó al síndico municipal, Ernesto Misael Matías Luis, para exigir justicia; pero la propuesta que le hizo la autoridad es que aceptara los mil 500 pesos que le ofrece Oswaldo a manera de indemnización, “porque los adolescentes no pueden recibir las prestaciones que establece la Ley Federal del Trabajo”.


Mientras el patrón hace alarde de su bonhomía y le echa en cara que por buena persona ofrece esa cantidad de dinero para que Eligio “no haga más escándalo”, “pero que si no lo acepto, que le haga como quiera”.

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